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Imágenes y vídeo de entrega del carnet honorífico de CCOO.

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El jueves 28 de enero se presentó el libro “La matanza de Atocha” en el Auditorio Marcelino Camacho de Comisiones Obreras. Estuvieron en la mesa la editora de La Esfera de los libros, Ymelda Navajo, Manuela Carmena, Paca Sauquillo, Alejandro Ruiz Huerta, mi hermana Isabel y yo.

El auditorio estaba lleno, había 900 personas. Daba un poco de miedo. Y la repercusión ha sido importante. Al final pongo una lista de una parte de las reseñas o críticas aparecidas, por si alguien tiene la curiosidad de ver fotos (pronto os pondré alguna) o leer testimonios y opiniones.

Me ahorro hacer ninguna crítica de lo dicho por los presentadores. Evidentemente, no comparto algunas ideas de Alejandro Ruiz Huerta, el único superviviente de la matanza, y autor también de otro libro sobre ella.  Son sus opiniones. Cuando alguien me pida las mías sobre su libro, ya veré si las doy.

Este el texto que Mercedes Fonseca, mi mujer, leyó en mi nombre, ya que estoy incapacitado para hablar más allá de la intimidad.

“Muy buenas tardes a todos.

Quiero dar las gracias a Manuel Carmena, (tacho alcaldesa) y a Paquita Sauquillo, dos mujeres fundamentales en la historia de Madrid, y a las CCOO, que me inspiraron de forma definitiva para hacer este libro. A mi hermana Isabel, que acudió en mi ayuda para poder seguir con él cuando el ictus me atacó. A todos los que lo hicieron posible. A las familias de los asesinados. Los asesinados y algún superviviente como Alejandro que eran, parafraseando a Javier Pradera, lo mejor que se podía ser durante el franquismo: hombres y mujeres de Comisiones Obreras.

 

En 1969 o 1970, en la Escuela Oficial de Periodismo, entré en contacto con un grupo de alumnos de los que entonces se autodenominaban progres. Muy pronto empezamos a ser activistas de una cosa que llamamos “grupo de trabajadores de prensa”, y poco después, al principio de la década de los setenta, pasamos a ser parte muy informal de algo que se llamaba Comisiones Obreras de Artes Gráficas y Prensa. Bajo la atenta mirada de Luis Royo, Enrique Bustamante, que ya entonces tenía aires de catedrático, Javier Echenagusia, con pinta de editor arruinado, Antonio Fernández Lera, que traducía al español el exquisito inglés de Auden, y algún otro, repartíamos propaganda subversiva a las seis de la mañana de cualquier día de enero, más asustados por la posibilidad de que llegara la policía que por la bajada de los termómetros, a la puerta de Hermanos Rivadeneira, Altamira Rotopress o el BOE. No había carnet de CCOO por entonces. Si acaso, una ficha policial que, con acierto, decía que el sujeto rondaba la militancia comunista.

A casi todos ellos les he perdido la pista, pero nada del cariño y el respeto que les tomé por aquel entonces.

Unos años después, en mayo de 1977, me negué a recoger el carnet de Comisiones que nos ofrecía la organización a un montón de veteranos. Tenía mis discrepancias, que ahora me parecen menores. Casi veinte años más tarde pedí el carnet en un acto público de esta misma Fundación, en un acto que presidía Rodolfo Benito,. Alguien no ha hecho su trabajo y no me lo dio.

Hoy, cuando no está nada de moda apoyar a un sindicato, pero casi todos los días, y hoy más que nunca, con la memoria de los asesinados, me acuerdo de su posición ética. Los militantes que recordamos en este libro eran de Comisiones, y del área comunista. La indignación por su injusta muerte nos llevó a indagar cómo se produjo, y quienes lo hicieron y por qué. Este es el resultado, creemos que equilibrado pero por supuesto nada neutral.

Así que hoy, aquí, me siento en casa. Hoy vuelvo a pedir el carnet. Y me atrevo a decir con la poca voz que tengo una frase escueta: ¡Vivan las Comisiones Obreras!”

 

Y aquí el listado de que os he hablado.
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/01/28/actualidad/1453996340_803656.html
http://noticiasdemadrid.es/2016/01/presentacin-de-la-matanza-de-atochaquot/
http://www.cambio16.com/actualidad/carmena-anima-a-los-jovenes-a-poner-en-valor-la-lucha-de-los-abogados-de-atocha/
http://www.elcultural.com/noticias/letras/Atocha-1977-la-matanza-que-precipito-la-Transicion/8862
http://www.elespanol.com/espana/20160129/98240282_0.html
http://www.infolibre.es/noticias/politica/2016/01/28/contra_olvido_44026_1012.html
http://www.lavanguardia.com/local/madrid/20160128/301740062395/carmena-destaca-la-lucha-de-los-abogados-de-atocha-por-un-mundo-mas-justo.html
http://www.madrid.ccoo.es/cms.php?cd_cms_pag=12962&cd_cms_elcon_from=&cd_cms_elconmaster_to=21&cd_cms_conte=100721&opc_id=42866fc812344feeff7c211dd04aacb2
http://www.publico.es/culturas/matanza-abogados-atocha-adn-democracia.html
PAIS 29-01-16 PAG 29_20160129_77_4245_1454057039944.pdf
SUR 29-01-16 PAG 09_20160129_77_5130_1454069151050.pdf

http://madridpress.com/not/199610/un-libro-recuerda-el-asesinato-de-los-abogados-de-atocha/
http://www.lasexta.com/programas/mas-vale-tarde/entrevistas/alejandro-ruiz-superviviente-matanza-atocha-que-estabamos-muertos-nos-hicimos_2016012700350.html
http://www.lasexta.com/programas/mas-vale-tarde/noticias/indignacion-frente-opresion-respuesta-pacifica-transicion-matanza-atocha_2016012700343.html
http://www.lasexta.com/programas/mas-vale-tarde/noticias/matanza-atocha-anos-despues-recuerdos-aquella-noche-enero_2016012700340.html
http://www.todoliteratura.es/noticia/9684/presentaciones/jorge-m.-reverte-e-isabel-martinez-reverte-presentan-el-libro-la-matanza-de-atocha-sobre-el-asesinato-de-los-abogados-laboralistas-que-conmociono-a-la-espana-de-la-transicion.html

http://cadenaser.com/programa/2016/01/22/a_vivir_que_son_dos_dias/1453483337_188247.html

La matanza de Atocha

http://www.elmundo.es/cronica/2016/01/24/56a34783e2704eb81f8b45ca.html
http://www.todoliteratura.es/noticia/9684/PRESENTACIONES/jorge-m-reverte-isabel-mart%C3%ADnez-reverte-presentan-libro-matanza-atocha-sobre-asesinato-abogados-laboralistas-conmocion%C3%B3-espa%C3%B1a-transici%C3%B3n.html
MUNDO 24-01-16 PAG 06-07_20160124_77_3850_1453810414662.pdf
PAPEL 24-01-15 PAG 54 atocha_20160124_77_16617_1453734454270.pdf
INTERVIU 25-01-16 PAG 64_20160125_77_2940_1453734502105.pdf

http://politica.elpais.com/politica/2016/01/14/actualidad/1452778127_270679.html
NORTE DE CASTILLA 03-01-16 PAG 41_20160103_77_3956_1453108337919.pdf
PERIODICO COM 01-01-16 varios_20160101_77_4320_1453194210716.pdf
PAIS 17-01-16 PAG 11 matanza_20160117_77_4246_1453108309669.pdf

Perdonadme pero he vuelto a publicar un libro que presentamos el próximo jueves. Os adjunto el cartel de esa convocatoria donde aparece a la portada, para que os vaya sonando. Si alguien lo lee agradeceré comentarios. Y si queréis ir, es libre.

invitación Atocha

Cuando el dolor se viste de ironía Inútilmente guapo se acerca formalmente al diario y cuenta la recuperación de un ictus

ZITA ARENILLAS – 23/10/2015 – Número 6

Inútilmente guapo parece en ocasiones una recopilación de relatos breves -algunos de sus capítulos podrían leerse aisladamente, por ejemplo “Una noche con Telmo”—. El autor lo explica: “[…] como yo no puedo escribir textos largos, tengo que hacer de la necesidad virtud y convertir una secuencia de narraciones cortas en un libro. La intención es muy parecida a la que anima a los poetas”. Otras veces adquiere la forma de un diario. Se diría que esa brevedad es la materialización de la medicina que todos le dicen al escritor que debe tomar: paciencia. “Paciencia, maldita palabra. Recomenzar, no menos maldita”.

Reverte decidió vivir, porque la muerte a la que él se “enfrentaba era mucho más de andar por casa, es decir, se dejaba uno llevar y ya estaba, o había vuelta”. El afecto de familiares y amigos no fue el único motivo que lo empujó a quedarse “de este lado de la raya”: también lo fue la escritura. Pero hacerlo de nuevo no ha sido fácil, pues quedó hemipléjico y viendo doble o borroso. Primero fue con la ayuda de su mujer, que al principio escribía lo que él le dictaba. Y después solo, tras muchas sesiones de rehabilitación y un par de gafas con el sistema de prismas. Y así Reverte volvió a publicar (pronto retomó su columna en El País) y en este libro se puede gozar del sentido del hu- mor que caracteriza sus textos.

Lo que hace singular a Inútilmente guapo es una sorna que hace que el lector se ría inevitablemente de cosas que bien podrían provocar la reacción contraria. Por ejem- plo, de la disfagia, que conduce a una apología de los purés (“Si hubiera un congreso de supervivientes de ictus, de los que hubieran padecido disfagia, seguro que entre sus primeras decisiones estaría la de hacer un homenaje público a la Thermomix, que es un aparato que no ha salvado vidas por sí mismo, pero sí ha salvado de la monotonía a muchas vidas”), del bloody mary
(la textura del tomate es compatible con esa incapacidad de discernir qué debe ir al estómago y qué a los pulmones) y del espesante: “El vino bueno con espesante es mucho mejor que el vino malo con espesante”.

Sin embargo, toda la guasa y el sarcasmo que empapan el libro no logran atemperar la lacerante imagen con la que su autor dice haberse identi cado desde las primeras horas en el hospital: “La de una lagartija clavada a una superficie blanca con un alfiler”. Desde esa condición de pequeño reptil indefenso, durante los primeros días en la UVI la batalla contra el ictus toma formas insospechadas. Así, los delirios lo llevaron a creer que se encontraba en Cataluña, en medio de los preparativos de una insurrección independentista de la que él debía alertar al Gobierno central, o que los problemas con Estado Islámico eran de su competencia, al coincidir el degollamiento de dos periodistas estadounidenses con su traqueotomía.

Resulta asombroso que un relato autobiográfico de este tipo, sobre la experiencia con la muerte, pueda ser tan hilarante como lo es el de Reverte. Es ahí donde están la fuerza y la magia del libro: en la aleación de emociones encontradas, en la capacidad del autor de vestir el dolor de ironía. Y en las reflexiones que van mucho más allá de la vivencia personal y que se tornan en ácidas críticas a determinadas posturas ideológicas y políticas —remiten al artículo “Una muerte digna” (incluido como apéndice del libro) que le valió al autor el premio Ortega y Gasset de Periodismo en 2009—: “Mi psique y mi pierna son la misma cosa. Y esa cosa soy yo. Que nadie, y mucho menos un cura o un consejero de sanidad de la derecha, me venga a contar nada sobre mi cuerpo”.

En sus obras de investigación histórica Jorge M. Reverte traza pequeñas biografías de personas “normales” que participaron en grandes acontecimientos. En Inútilmente guapo ofrece una parte de la suya, también enfrentándose a una situación límite, al tiempo que hace un homenaje a sus allegados así como a los médicos y enfermeras —y a la sanidad pública española— que lo acompañan en su recuperación. De su combate se desprende una valiosa y sisífica lección: “Está claro que los límites se amplían, y que el deseo de vivir es mayor de lo que pensamos”.

“En la UVI la muerte no me parecía trascendente”

El escritor se refugia en el humor y la escritura tras el infarto cerebral que sufrió en 2014, que detalla en su libro ‘Inultimente guapo. Mi batalla contra el ictus’

El escritor Jorge Martínez Reverte junto a su mujer Mercedes, Juanjo Millás, su hermano Javier Reverte y Gemma Nierga.

El escritor Jorge Martínez Reverte junto a su mujer Mercedes, Juanjo Millás, su hermano Javier Reverte y Gemma Nierga.

En silla de ruedas, con una camisa y una rebeca a juego con sus ojos azules y la sonrisa en la boca llegaba esta mañana Jorge Martínez Reverte a los estudios de Hoy por Hoy con Gemma Nierga para hablarnos de su libro autobiográfico ‘Inútilmente guapo. Mi batalla contra el ictus’. Acompañado de su mujer Mercedes Fonseca y su hermano Javier Reverte, el escritor no ha perdido el sentido del humor desde que sufrió un ictus en el año 2014. Aunque aún resulta un poco complicado entenderle en el habla, Reverte es muy claro cuando asegura que no teme a la muerte: “En la UVI la muerte no me parecía trascendente”.

Sus dos particulares portavoces aseguran que sigue siendo el mismo Jorge de siempre “con su maravilloso carácter, su inteligencia y su sentido del humor”, como dice su mujer Mercedes. Su inseparable compañera de viaje explica que fue consciente de la gravedad del asunto desde el primer momento, pero nunca no se ha separado de Jorge y fue su mano ejecutora en la novela, pues el escritor comenzó dictándole a ella el libro.

Reverte detalla cada una de las sensaciones que tuvo desde la enfermedad en una novela que, como dice su hermano Javier, puede ayudar a enfermos que están en esta misma situación. El neurólogo Esteban García Albea lo corrobora. El médico explica que es un enfermo complejo porque “ha tenido que enfrentarse a una crisis de identidad”. “Él se busca en su propia biología, en sus mejores amigos, en su paraíso que es Bustarviejo y al final se reencuentra consigo mismo”, asegura García Albea.

Todos celebran la mejoría del escritor y confiesan que además de la gente que le quiere, como los amigos y la familia, el verdadero salvavidas de Jorge Reverte ha sido poder seguir escribiendo y conservar su sentido del humor.

Si usted el día 9 de septiembre del año pasado estuviera caminando por el barrio de Malasaña de Madrid podría haber visto un grupo de yonkis y mendigos alcohólicos. Entre ellos estaba sentado, con una bolsa de tomates, un hombre guapo, de ojos azules, que balbuceaba algo incomprensible a los peatones que apuraban el paso. Era mi amigo Jorge Martínez Reverte, y estaba sufriendo un ictus. Solo cuando uno de los mendigos acertó a decir: «Háganle caso, hombre, que no es de los nuestros», un vecino lo atendió, lo sentó en la terraza de un bar y le dio una Coca-Cola. Un rato después llegaban su hijo y la ambulancia. Durante los primeros días de la uci estuvo jugando a Pinto y Valdemoro con la muerte. Y al final, para alivio de sus numerosos amigos y de su familia, decidió quedarse. Hoy en su cuerpo tiene un brazo y una pierna catalanas, es decir, independientes, que sus médicas -porque Jorge tiene tendencia a rodearse de mujeres- estimulan con entusiasmo para que regresen a la madre patria. Y al mismo tiempo, su habla es dificultosa, lo que, para alguien que tiene tanto que decir, es un serio inconveniente. Por eso Jorge ha decidido, con la rubia que está casada con él, escribir un libro y contar por extenso lo que yo les cuento. Su libro se titula -cómo no- Inútilmente guapo y en él habla de sí mismo, que es lo mismo que hablar de usted y de mí. Un libro duro pero lleno de sentido del humor, porque, como dice su hermano Javier, si te ríes de ti mismo tienes tema de risa para toda la vida.

 Tan útil, tan guapo.

Jorge Martínez Reverte es un provocador. Eso lo saben muy bien quienes le conocen en la textura carnal de su persona o en la turgente realidad de sus libros, ya sean de ficción o de crónica de la realidad, de ayer o de hoy. Valiente fue cuando abrió la saga de Julio Gálvez con una primera novela, publicada en 1979, que indagaba un escándalo financiero del tardofranquismo de 1973, valiente cuando contracorriente sacaba pecho constitucional frente a los asesinos de ETA, valiente cuando se puso a recontar la Historia, y no cualquiera, sino aquella que Gil de Biedma aseguraba que era la más triste porque termina mal, la de España, la de la Guerra Civil y la derrota de la República que nos hubiera ahorrado cuarenta años de dictadura, de atraso, de vergüenza. Valiente en opiniones, acciones y confesiones. Un kamikaze de la palabra, en suma.

Es un sastrecillo valiente pero también es un hiperactivo. Como dice una enseñante, hoy concejala de Mairena del Aljarafe, a Jorge lo pilla hoy un claustro escolar y lo medica de puro síntoma de Asperger, porque no para quieto y haría estallar cualquier molde de la psicología evolutiva. Ha escrito tanto y de tanto que precisamente esa pasión, ese deseo irrefrenable de contar, es lo que le mantiene vivo y currante después del ictus devastador que sufrió en septiembre del año pasado. Ser periodista, y lo pensaba también de otro fenómeno natural (tiembla ciclogénesis) que es Maruja Torres, es una actitud, una curiosidad inagotable y una pulsión por narrarlo todo: desde la caída de Barcelona, la del 39 me refiero, a la huelga asturiana del 62, a la propia y personal experiencia con una enfermedad que lo arrasó entero: a todo menos a su cabeza y a su sentido del humor, bendito sea.

Mi batalla contra el ictus, que es como se subtitula, es la crónica de una contienda que al autor no le da la gana dar por perdida. Y no es solo eso, que ya es mucho: es el relato de quien con kilómetros de ingenio, y muchísima gracia, tiene la facultad de contar algo tan personal, íntimo y hasta desolador sin dejar de mirar a los demás. Desde los vagabundos que lo vieron desplomarse, a las maneras del personal sanitario, alguno cruelmente tratado como parece merecer, hasta los amigos, alguno más que notable y muchos conocidos, sus admirables mujer Mercedes y su hijo Mario, o esa tropa de hermanos y cuñados, entre ellos otro escritor que le sirve de prologuista Javier Reverte, un hermano, hermano, o sea de los que uno quiere tanto que se pelea con soltura. ¿Puede ser divertido el relato de una enfermedad que obliga a aprender a respirar, a tragar, a hablar, a mirar, a andar? Pues sí. Cierra la lectora la última página y se siente eufórica a no ser que sea nacionalista, que ni seriamente impedido olvida Martínez sus pérfidas obsesiones.

Ahora bien, si el autor supiera que Inútilmente guapo (los que quieran saber a qué ese título pasen por caja, please) está colocado junto a los libros de autoayuda en una famosa cadena de librerías, ardería de ira. Para que sirva de advertencia: si está usted pacíficamente hojeando, por ejemplo, los últimos poemas de Braulio Ortiz, y aparece un guapísimo señor, cano, de ojos azules, armado de una silla, farfullando en arameo y dando mandobles con un bastón de aluminio, es él. La penúltima batalla de este Quijote al que es imposible no amar. Cuando lo lean, me dicen.