Una amiga muy querida, Silvia Ribelles, que vive a muchos kilómetros de aquí, me hace algunas preguntas relacionadas con las manifestaciones de ayer en Madrid.

Silvia está confusa porque no comprende algunas cosas después de leer la prensa. Por ejemplo, las distintas versiones sobre la violencia que se registró al acabar los actos. Y hay que recordar que paso de todo. Que hubo algunos grupos que procuraron la intervención policial. Había gente que iba a eso, provocar una reacción dura de los antidisturbios. Son lo de cuanto0 peor mejor. No son muchos, son pocos, pero son demasiados. Y es muy difícil que una convocatoria tan dispar como la de ayer en Madrid, pudiera poner en marcha un servicio de orden que les hubiera aislado e, incluso, reprimido. A mi me da lo mismo el calificativo para esta gente: me es indiferente que sean de extrema derecha o de extrema izquierda, porque lo que une a ambas es la valoración de la violencia como algo necesario. Los que se consideran de izquierda dicen que se trata de provocadores de la policía. Eso me recuerda a los años de plomo, los setenta y los ochenta, en que muchos amigos comunistas decían que los GRAPO eran agentes de la policía. Pues no, somos mayorcitos y sabemos que gente así hay en los dos extremos del arco político. A mi no me importa que alguno0s de ellos se lleven unos guantazos. Me disgusta enormemente que otros los reciban por su culpa. Y me disgusta el entusiasmo que muestran algunos policías algunas veces al reprimir.

No hubo tanta violencia, no hay que escandalizarse. No se si había en la calle doscientas mil personas o cincuenta mil. En todo caso, los salvajes eran pocos y Madrid no quedó arrasado como dice ABC.

Lo que sí quiero contarle a mi amiga Silvia es por qué no fui a la manifestación. Es muy sencillo: sabía que el manifiesto lo iba a leer Willy Toledo. Y este chaval me representa menos aún que la delegada del gobierno. Toledo es un defensor público de la dictadura cubana, y un soporte intelectual (?) de Maduro, el hombre que quiere acabar con los restos de la democracia en Venezuela. Me es igual qué palabras diga Toledo. Si las dice él, adquieren un sentido que me aleja. Por mucho que me conmuevan los hombres y mujeres que venían a Madrid a manifestar su frustración y su rechazo a las medidas del gobierno que padecemos, no podía estar. No sé cómo se llegó a decidir que Toledo leyera el manifiesto. Pero se decidió eso. Estoy en contra de este gobierno, quiero que caiga, que de paso a otra política, pero no a la que preconiza Willy Toledo.