PRESENTACIÓN DE MADRID AL EBRO
PRESENTACIÓN DE MADRID AL EBRO
15 de diciembre de 2016
Casa del Lector

De izquierda a derecha: Mercedes Fonseca, Jorge M. Reverte, José Andrés Rojo, Mario Martínez Zauner y Joan Tarrida
Muy buenas tardes a todos. Lo primero que tengo que hacer es advertir, aunque ya casi todo el mundo se lo habrá maliciado, que no puedo hablar como las demás personas, porque hace algo más de dos años me atropelló un tren de mercancías llamado ictus. Por eso, voy a hacer una intervención corta, porque soy muy perezoso para escribir, y leída por una persona abnegada llamada Mercedes Fonseca.
Bueno, voy a intentar no mentir demasiado. Mercedes me hace un enorme favor con esta lectura, pero es cualquier cosa antes que abnegada. Lo que pasa es que sí lee muy bien, de modo que convierte en muy buenos textos que solamente son buenos antes de pasar por sus labios. Le doy las gracias por ello.
Y ya voy a seguir con los agradecimientos, que son muchos sobre todo por lo que les dije antes del tren de mercancías.
En primer lugar, a Mario Martínez Zauner e Ignacio D’Olhaberriague. A Mario porque accedió en su momento a colaborar conmigo en escribir este libro. A Ignacio porque dijo que sí a un encargo endiablado, como es el de documentar trece batallas sin enfadarse. Los dos han hecho un trabajo espléndido, que me hace sentir orgulloso de este libro. Yo no podría haberlo hecho solo, ni siquiera antes de sufrir el ictus.
Estoy muy agradecido también a Joan Tarrida por haber tomado el riesgo de encargar el libro a un tullido y dos desconocidos. María Cifuentes tuvo mucho que ver en ello, y sobre todo en la edición de una obra así, que tiene la vocación ser muy legible pero ha implicado un trabajo de edición colosal para lograrlo.
Mi agradecimiento al presentador, José Andrés Rojo, que aceptó el encargo antes de haberse leído el manuscrito, lo que denota una confianza que a mi me conmueve. José Andrés y yo hemos compartido la edición inconclusa de la historia de la Guerra Civil española escrita por su abuelo, Vicente Rojo. El trance de aquella edición fue algo escabroso, pero lo solventamos bien gracias a la decencia de la familia del general, que hizo fácil resistir la malevolencia de un editor llamado Joaquín Palau, de cuya actuación no quiero dar detalles hoy.
Este libro es, pese a estar muy depurado, un compendio de muchos datos imprescindibles, pero además exactos casi todos ellos. Para evitar errores garrafales, hemos tenido la ayuda impagable de Pacho Fernández Larrondo, que sabe mucho de casi todo, como puede atestiguar todo aquel que le conozca y se haya arriesgado alguna vez a llevarle la contraria.
De la documentación tengo que dar las gracias a todos aquellos que han hecho libros sobre esta cuestión antes que nosotros. Seríamos unos estúpidos si no nos hubiéramos estudiado todo lo escrito antes sobre el asunto, y unos mal educados si no agradeciéramos todo ese esfuerzo anterior, singularmente el de José Manuel Martínez Bande. Y no es menor el trabajo acumulado por una asociación como GEFREMA, que ha reunido estudios importantes para entender la batalla de Madrid. El último de ellos sobre la batalla de Garabitas, firmado por Luis de Vicente, cuya referencia no hemos podido incluir por razones de tiempo en este libro. Quien haya leído un libro escrito por mi padre y acompañado por mi hermano Javier y por mi, titulado “Soldado de poca fortuna”, sabrá que Garabitas fue una de las muchas batallas donde mi padre, según una expresión suya, dio una vez más la vida por su patria.
Y por supuesto, gracias a todos ustedes, que han venido, gastando generosamente su tiempo libre.
Para mi es un gran placer el poder asistir a la presentación de un libro en el que participo tanto. Pero sobre todo, es un placer ver aquí a tantos amigos, historiadores, periodistas, empleadas de la Fundación Jiménez Díaz, hermanos, primos, vecinos de Bustarviejo, de México D.F., o de Ceceda, cuñados y algún que otro sobrino. Pónganle a todos los nominativos el femenino correspondiente, y ya no se me olvidará nadie. Cabe la posibilidad de que haya venido algún desconocido o desconocida. A ellos, si se da el caso, estoy mucho más agradecido aún, y por supuesto a los responsables de esta casa, del Lector, y antes Matadero.
A todos muchas gracias.
El libro que nos traemos entre manos no es, por lo menos pretendemos que no lo sea, uno más sobre la historia bélica de la Guerra.
Yo siempre he intentado que mis libros sobre la Guerra Civil fueran dedicados a las mujeres, no por un impulso sexista ni lúbrico, sino porque creo que es un hecho demostrable que a las mujeres les interesan por lo general mucho menos que a los hombres los libros bélicos. Por eso hay que hacer un esfuerzo suplementario si se quiere conseguir esa audiencia. Escribir para las mujeres es escribir para todo el mundo. Escribir para los hombres es escribir sólo para ellos.
Mario y yo hemos intentado, creo que con éxito, que el libro se lea con facilidad. No es un libro para expertos, pero es un libro que se mete en el territorio de los expertos, es decir, es un libro polémico, porque no elude, sino que busca, la confrontación en torno a asuntos que han sido muy manipulados, por intereses políticos y, a veces, académicos. A la bronca vamos. Aunque quienes me conocen saben que la bronca no es lo mío.
En primer lugar, el libro habla de Franco y sus intenciones. Franco es un personaje al que odiamos los dos autores. Pero eso no significa que no haya que estudiar su trayectoria con el mayor rigor. Y hay que decir que concluimos que el dictador no quiso hacer más larga la guerra para matar mejor. La guerra se le hizo larga porque hubo un ejército, lleno de defectos, pero que le plantó cara durante casi tres años, dirigido por un militar con una visión discutible pero con mucho talento. Ese militar, que era muy culto, se llamaba Vicente Rojo. Él, que fue el más firme apoyo de Juan Negrín, paró a Franco mucho tiempo, y Franco, a su vez, no paró de matar hasta hartarse una vez que acabó la guerra. No necesitaba alargarla para hacerlo.
Relacionada con este hecho está la cuestión del ataque a Madrid. Hemos documentado hasta cinco ocasiones en las que Franco monta su estrategia en función del asalto a la capital. Madrid resistió, y la guerra pasó de ser un golpe a ser una guerra de verdad por eso.
También me parece que leyendo este trabajo se puede seguir bien la diferencia de visión entre el pragmático Franco, y el estudioso Vicente Rojo, que intentó tantas veces en vano conseguir la victoria decisiva a través de una maniobra genial para la cual no tenía el ejército ni el material adecuado.
No quiero adelantar mucho más el contenido del libro. Puede ser que en un futuro haya algún trabajo más documentado sobre estos mismos asuntos. Si es así lo celebraremos. De momento nos mostramos satisfechos con haber realizado el que pensamos es el trabajo más completo hasta la fecha. Eso es lo que hemos querido hacer, con la misma obsesión que sentía alguien tan respetable como Bárbara Truchman para ofrecer a los lectores un producto legible y divertido.
Insisto en darles las gracias, y les deseo una lectura fácil y provechosa de estas páginas llenas de sangre y dolor más que de números.