Paso la tarde de un canal a otro de televisión. Por supuesto, las emisoras públicas dedican especiales a la muerte de Adolfo Suárez, tan inoportunamente avanzada por su hijo, Adolfo Suárez Illana.

Uno de los parones, a las 19,00 me coincide con el comienzo de un partido de fútbol en Valencia, en el campo de Mestalla. Y observo como los jugadores permanecen abrazados en el centro del campo, y el público observa un minuto de silencio con todo respeto. Es lo menos -me digo- y me congratulo de que se haga eso en un campo de fútbol.

Pero la cámara se fija en una fotografía que aparece en el estadio a gran tamaños. Y descubro que el minuto está dedicado a un ex jugador valencianista, Emilio Ribelles, muerto la semana pasada.

Seguramente lo merecía, pero cabe preguntarse qué cuadrilla de indocumentados ha decidido hacer eso, hurtarle a Suárez el reconocimiento público que hoy debe ser casi un monopolio hacia su figura.

Me imagino el razonamiento: “es que nosotros no podemos entrase en política”.

Claro. Pero yo, sin entrar en fútbol, que es lo contrario, al parecer, quiero decir que me da asco.