Resulta que yo conocí a Guitar Slim, hace ya algunos años. Hasta ayer por la noche no había visto ningún capítulo de la serie Treme, cuya cuarta temporada tengo grabada en el aparato de Canal +. Uno de los personajes, que no sé si es de ficción o no, dijo su nombre citando una frase que no era para pasar a la historia pero explicaba bien una situación: “Como dijo Guitar Slim…”

Mi mujer, Mercedes, dio un salto en el sofá: “¿Te acuerdas?”. Claro que me acordaba. Slim era (espero que siga siendo) un afroamericano delgado, vestido con modestia y tocado con una gorrila de visera. Estaba en un club de Nueva Orleans al que acudimos, junto con un grupo de españoles, a escuchar a uno de esos conjuntos de negros que parecen haber nacido de las entrañas de la música. Slim comenzó a hablar con Mercedes con el mayor de los respetos y de las elegancias. Algunos de los que nos acompañaban se sintieron incómodos y me ofrecieron sus servicios para resolver una situación que ni a Mercedes ni a mi nos parecía que tuviera que resolverse de ninguna manera.

Así que me convertí para el grupo en un tipo de insoportables tragaderas que permitía que a su mujer le abordara un hombre en sus narices. Un hombre que –repito- era educado y, eso sí, estaba algo bebido.

Me tuve que convertir en defensor de Mercedes frente a los que la querían defender porque su marido no lo hacía. Fue una situación muy desagradable. Llegué incluso a amenazar con algún acto de violencia física a quien se metiera en el asunto.

Cuando salimos del club, Slim nos acompañó, con paso inseguro por la calle, en dirección al hotel. Y yo tuve que espantar a un par de compañeros de viaje que seguían intentando arreglar aquello. Iba escoltando a mi mujer para que pudiera ejercer su libertad de hablar con un borracho negro.

Cuando nos despedimos, el encantador borracho nos ofreció un CD que llevaba en la portada una foto de un tipo que se le parecía, y un título: Guitar Slim.

-It’s me –dijo dándose golpecitos en el pecho con el índice derecho.

Le compramos el CD. Y se fue, con el aire pacífico que ya le presuponíamos después de darle dos besos a Mercedes y un apretón de manos a mí.

Al volver a Madrid escuchamos la grabación. Era bastante buena; mejor dicho, era regular la grabación y bastante bueno lo grabado. De cuando en cuando lo escuchamos.

Y ayer, cuando decidimos comprobar si la serie Treme estaba bien o mal. Oímos el nombre de Slim. Entre nuestro encuentro y la mención en la serie han pasado muchos años y el Katrina. Espero que Slim se encuentre bien y que no le haya hecho ningún daño el huracán o algún blanco español defendiendo a alguna compatriota que no lo necesitara.