Hubo un tiempo en que el espionaje daba mucho de sí. Y, en consecuencia, gentes como Le Carré, Graham Greene y otros genios escribieron sobre eso.
Aquello tenía glamour y riesgo. Cualquiera de las novelas de la época resulta ahora seductora.
Ahora vuelven los espías, pero sin riesgo físico. Y sin luchar contra el mal. La cosa va de lo mismo, pero sin que haya malos y buenos. Lo que hay son intereses. Qué más da.
El asunto, en realidad, es que me siento un don nadie. ¿Hay alguien que euira saber algo de mi y de mis actividades clandestinas? Pues las tengo. Y no sé quién quiere comprarlas.
¡Joder!