Ahora parece que el gran pecado de Bárcenas es que se lo llevaba crudo. Y nos quieren convencer de que llevárselo para el partido es una actividad honorable. En eso, los del PP tienen cómplices. No hay que ir muy lejos: Durán Lleida (Unió está condenada por esos trapiches), Artur Mas (¡Qué pequeño se quedó el 3% de Maragall!). Y seguimos.

Que no, que no. Que robar está mal también cuando es por una causa tan justa como la de mantener los sueldos de los cargos políticos y las campañas.

Que no hay que robar, hombre.