Cervantes y la piratería intelectual
Me he puesto por cuarta o quinta vez en mi vida a leer el Quijote. Y me he vuelto a reir a calzón quitado y a disfrutar de la maravillosa prosa de Cervantes. Pero hasta ahora no me había dado cuenta de algo importante:
Dice Juan de Amezqueta, en nombre del rey al comienzo de la primera edición de Don Quijote de la Mancha:
(…) os damos licencia y facultad para que vos, o la persona que vuestro poder hubiere, y no otra alguna, podáis imprimir el dicho libro intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, que desuso se hace mención, en todos nuestros reinos de Castilla, por tiempo y espacio de diez años, que corran y se cuenten desde el dicho día de la data de nuestra célula; so pena de que la persona o personas que, sin tener vuestro poder, lo imprimiere o vendiere, o hiciese imprimir o vender, por el mesmo caso pierda la impresión que hiciere, con los moldes y aparejos della; y más, incurra en pena de cincuenta mil maravedís cada vez que lo contrario hiciere (…)
O sea, que la piratería ya funcionaba en 1604, hace más de cuatrocientos años. Pero entonces los reyes se atrevían a combatirla. Ahora, los legisladores temen poner en riesgo el voto de los piratas que los piratas jamás les darán.