Borau
BORAU Y LAS PELÍCULAS EMPEZADAS
Era una de sus recetas favoritas cuando daba clases de guión en la Fundación Viridiana: “las películas tienen que empezar empezadas”. Algo tan sencillo en apariencia y tan difícil de aplicar si uno se fija en casi todas las películas. Yo creo que Borau contaba eso porque se le había ocurrido a él, no solo por lo mucho que sabía de haberse fijado en lo que hacían o escribían otros.
Era el tipo más entretenido que he conocido jamás. No paraba de contar historias y lo hacía de manera que cualquiera se quedaba fascinado sin poder intervenir. Eran historias casi siempre cotidianas, de tías suyas cuando era un crío muchas veces. Y en cada una había una película.
Hizo algunas de las mejores películas de la historia del cine español. Yo, me quedo con Furtivos, esa maravilla en la que se queda uno pegado a la pantalla viendo a Lola Gaos, a Ovidi Monllor y Alicia Sánchez; al propio José Luis disfrazado de gobernador civil franquista.
Decía que le horrorizaba rodar con niños o con animales. Pero insistió en hacerlo con los de la primera de las dos especies. Porque si le obsesionaba una historia no paraba hasta contarla del todo. Y le daba por hacer películas fueran sencillas o raras como perros verdes, Río abajo o Leo. Lo que le diera la gana, aunque siempre renqueando con los presupuestos.
Era un disfrute reunirse con él preparando los números de la revista Viridiana, con Mercedes Fonseca, Mario Onaindía, Carlos Heredero, Javier Abásolo, Fernando Lara, Agustín Tena, Tony Partearroyo y Socorro Thomàs.
Me estará regañando porque tardé mucho en ir a verle la última vez. Tardé tanto que ya se había muerto.