François Hollande, presidente de la República francesa ha hecho un ejemplar relato de la brutal actitud de los sucesivos gobiernos galos que oprimieron a los argelinos durante décadas. No ha escatimado calificativos para exponer la vergüenza de las matanzas, las torturas producidas en Argelia por las fuerzas de seguridad y por los fascistas de la OAS, y en París por las turbas nacionalistas, mezcla de gendarmería y paisanos, que apalearon y después arrojaron al Sena a un número indeterminado pero muy alto de inmigrantes. Hollande ha hablado del poder curativo de la verdad. Se ha ahorrado -menos mal- la idea de que esa verdad la debe establecer el Estado. Siempre debe ser la sociedad civil la que lo haga, por mucho que al Estado le incumba la responsabilidad de restañar las heridas. Pero no hay un relato, sino muchos. A esos hay que darles oportunidad y cauce.