Aranjuez (2)
Hay dos tipos en Aranjuez que me parecen sobresalientes.
Ambos son gente muy leída (insultantemente leída), periodistas, escritores y militantes gay.
Héctor Anabitarte es uno de ellos. Yo le conocí hace muchos años, en los ochenta, cuando andaba por el mundo repartiendo condones para que los homosexuales tomaran conciencia sobre el SIDA. Un tipo valiente, enfrentado a la incultura y a la homofobia.
El otro es Ricardo Lorenzo, que trabajó, junto con Héctor, en el País Vasco en momentos muy difíciles. Vilipendiado por EGIN y todos sus secuaces. Otro luchador.
Ambos tienen una importante característica para mí: no reivindican para su idea de lo que debe ser la izquierda a un movimiento tan turbio como fueron los Montoneros, unos peronistas presuntamente de izquierda que cayeron torturados y asesinados a centenares por los militares asesinos de Massera y demás. Eso no quita para que yo considere que es una estirpe ideológicamente espantosa, que ayudó a provocar el golpe de Argentina con sus actitudes provocadoras y disparatadas.
A veces descubro en mí mismo una faceta repugnante, que intento domesticar, y es una actitud que roza la xenofobia hacia ciudadanos argentinos. Y creo que está provocada en parte por estos montoneros que siguieron predicando su estúpido mensaje una vez exiliados. Sigue habiendo muchos en España.
Héctor y Ricardo no tienen nada que ver con toda esa basura.
Me gustan estos tipos cultos, peleones, carentes de arrogancia y desprendidos.