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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Para animar a los del ictus

No voy a hablar de Cataluña. Ya lo hago en El País y el que quiera saber mi opinión sobre ese enojoso asunto, puede entrar en el periódico y ver todas mis columnas de los viernes. Sí quiero contar algo que puede animar a mis socios de ictus. Ayer a medio día comí en Miraflores de la Sierra, en un restaurante que se llama España (con perdón) el siguiente menú:

  • Trompetas de los muertos con huevo frito.
  • Paletilla de corzo con patatas fritas.
  • Flan.

La paletilla estaba tiernísima, no me costó ningún trabajo ni masticarla ni tragarla. El vino fue un modesto Ramón Bilbao, que me supo a gloria.

Por la noche, mi mujer, Mercedes, hizo boquerones al horno con escalibada del día anterior, hecha en nuestra chimenea de Bustarviejo.

Mercedes hizo un trabajo extra limpiando de espinas los boquerones.

Todo lo comí de nuevo estupendamente. Todo ello bien acompañado por un vino de Ribera del Duero, un delicioso Viña Sastre.

Y no pude menos que acordarme de la doctora B. que me pronosticó hace dos años que tenía un 95% de probabilidades de tener que comer para siempre por sonda.

O sea, que a disfrutar. De la doctora no doy el apellido completo para no echarme enemigos.

 

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María Teresa Castells

Una de las muchas cosas malas que vienen con los años es que cuando vas a un sitio tienes menos gente a la que llamar, porque algunos amigos, no sé si antes era así, tienen la mala costumbre de morirse.

Ahora ha sido María Teresa Castells, que era una gran librera y, además, una excelente amiga. Por no hablar, o sí, de que era la persona más valiente que he conocido. Ella apoyada por Ignacio Latierro, militante de Comisiones Obreras, y José Ramón Recalde, su marido hasta que murió el año pasado, mantuvo abierta la librería Lagun frente a la intolerancia de los franquistas primero, y de los amigos de los etarras después.

No era cualquier cosa resistir en las dos situaciones. Siempre el nacionalismo. Primero el español, desde mediados de los años setenta y a través de jóvenes que ondeaban banderas españolas, con vaqueros y camisa azul, que iban acompañados casi siempre por un señor mayor vestido con una gabardina; luego, otros jóvenes que llevaban también vaqueros, aunque peinaban los pelos cortados a capas y ondeaban ikurriñas.

Todos querían quemar la librería con Ignacio y María Teresa dentro. No les salió bien, como tampoco le salió bien a un malnacido el tiro que le pegó a José Ramón.      Le dejó la boca hecha polvo, pero vivo. Y siguió despotricando en voz alta contra nacionalismo que confunde tantos cerebros.

Llevaba una vida azarosa esta mujer, y todavía tenía tiempo y ganas de ser una estupenda anfitriona, que conducía al amigo visitante por el Gros o por la parte vieja de Donosti para que disfrutara de los inventos más sabrosos que se han ideado en esa tierra de productos que son los mejores y, cuando no, pues se traen de fuera, porque lo que importa es comer bien y a gusto. En Guipuzcoa saben que nunca van a tener buen jamón, y lo traen de la serranía de Huelva. Claro.

Con los libros la historia es muy parecida, y en Lagun siempre había de todo, aunque ni María Teresa ni José Ramón ni Ignacio parecían creerse, al contrario que Baroja, que el carlismo se quitaba leyendo y el nacionalismo viajando. Porque a los carlistas de entonces y a los de ahora no hay manera de convertirles a la democracia.

María Teresa, como José Ramón y como Ignacio, formó parte de una especie fundacional en Guipuzcoa que ya existía en Bilbao con el nombre de “el sitio”. Una especie empeñada en defender las libertades individuales.

En Barcelona se llama “Sociedad Civil”. Tiene mucho trabajo por delante. Y sin María Teresa.

 

 

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Cumpleaños

Ayer, día 9 de septiembre, se cumplieron tres años de que me diera el ataque de ictus que mi amiga Cristina Solares llama “el jari”. En este tiempo he hecho bastantes cosas, porque me quedaba mucho tiempo libre. Sobre todo he escrito cinco libros. Pero el último todavía no tiene título, y va a salir más o menos en marzo de 2018, por lo que me da tiempo a reescribirlo. Es un libro de memorias, de mi infancia durante los años 50 en Madrid. Ya iré informando a mis amigos del blog.

Sobre mis progresos andando debo decir que hay algún problema, y es que creo que para consolidarlo debo seguir trabajando algunos meses más. Es un coñazo.

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Levo, de nuevo, muchos meses sin utilizar este medio de comunicación. Espero vencer a la pereza ahora, de una vez para casi siempre.

Tengo una buena noticia para mis colegas de ictus: hará el próximo sábado 9 de septiembre tres años que sufrí el maldito ataque de la enfermedad que me tuvo entre la vida y la muerte un tiempo y luego me dejó postrado con una hemiplejía del lado derecho, muy completa, muy apañada.

Los médicos suelen decir que no hay esperanza de recuperación después de año o, como mucho, de dos. Pero yo he tenido una mejora importante al andar y al hablar en los últimos meses. Gracias, sobre todo, a la ayuda de mi hijo Mario. Ya soy capaz de andar hasta cien pasos seguidos sin caerme. Lo hago, eso sí, vigilado siempre para evitar accidentes enojosos.

Pero estoy realmente esperanzado. Porque andar es mi principal objetivo. Y por casa lo voy a poder hacer solo en muy poco tiempo (espero).

Así que ánimo.

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La vieja guardia de la novela negra española vela por la salud del género

Mientras Zanón insufla nueva vida a Pepe Carvalho y la Semana Negra de Gijón encara la recta final de su 30.ª edición, Bartlett, Silva, Andreu, Madrid y Reverte siguen en la brecha

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H. J. P.
Redacción / La Voz 15/07/2017 09:55 h

El género negro vive una auténtica edad de oro. En Francia, en Italia, en EE.UU., en Suecia… en todo el mundo. Los libros no se venden, pero la novela policíaca se la quitan de las manos al librero. Incluso en España. Nuevos actores se incorporan a un fenómeno que parece abierto a cualquier hábil emprendedor de las letras. Presentadoras de televisión, locutores, actores, cocineros, entrenadores de fútbol. Para todos parece haber una oportunidad.

Mientras los avispados prueban fortuna, hay quien se entrega a la causa con talento, devoción, rigor y trabajo. Como si se tratase de un asunto de vida o una droga. Alicia Giménez Bartlett (Almansa, 1951) y Lorenzo Silva (Madrid, 1966) preparan para después del verano nuevas entregas de sus respectivas criaturas: la comisaria Petra Delicado (en Mi querido asesino en serie) y la pareja de agentes del Instituto Armado Bevilacqua-Chamorro (en el volumen de relatos Tantos lobos). Ambos aparecerán en el catálogo de Destino. La vieja guardia demuestra que esto es una carrera de fondo, y con su sabiduría y sus años velan por la salud de la novela negra española.

Pero es que apenas hace unas semanas Andreu Martín (Barcelona, 1949) llevó a las librerías El lado oscuro, una novela que protagoniza la joven detective Sonia Ruiz y que editó el sello palentino Menoscuarto. La trama nace alrededor de un asunto de infidelidades. Otro de los decanos en plena actividad es Juan Madrid (Málaga, 1947), de quien Alianza acaba de poner en la calle Perros que duermen, que viaja desde el presente, de la mano del periodista Juan Delforo, a los días aciagos de la Guerra Civil y la posguerra. El tercero de la quinta de finales de los 40 es Jorge Martínez Reverte (Madrid, 1948), que retoma al periodista Julio Gálvez.

Entre ellos se cuela otro veterano, un escritor profesional, transversal a los géneros, Jordi Serra i Fabra (Barcelona, 1947), que publicó la octava entrega de la serie protagonizada por el expolicía Miquel Mascarell, Ocho días de marzo (Plaza & Janés).

La juventud, empero, se aplica también a renovar las fuentes del universo policíaco. Mientras Carlos Zanón -uno de los valores más sólidos de la escena actual- trabaja en el encargo de insuflar nueva vida a Pepe Carvalho, creado por Manuel Vázquez Montalbán, la 30.ª Semana Negra de Gijón -que encara ya su fase final- adjudicaba ayer el premio Dashiell Hammett a la mejor novela de género negro aparecida en el 2016 a Madrid: frontera, de David Llorente (Madrid, 1972), publicada por Alrevés, y el galardón Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela de género negro a El peso del alma, de José María Espinar (Granada, 1974), editada por Edaf.

El periodista Gálvez mantiene el humor en su pelea contra el abuso de las multinacionales

Pronto se cumplirán 40 años de la primera aparición del personaje que el escritor Jorge Martínez Reverte puso a andar en Demasiado para Gálvez (1979; aún no había Internet). El legado de la transición se tambalea teatralmente en España, pero nadie discute al periodista Julio Gálvez, que cohabitó el tiempo del detective Carvalho y el inspector Méndez (creado por Francisco González Ledesma y que también regresará en la pluma de su hija, la periodista Victoria González Torralba). Reverte se recupera lentamente del ictus que sufrió en el 2014, una experiencia que narró en Inútilmente guapo. Parte de su terapia es trabajar ese humor que no abandona y que alienta -y ya es costumbre- la peripecia de su más célebre criatura en Gálvez y la caja de los truenos, novela que acaba de publicar el sello coruñés Ediciones del Viento. Gálvez, además del abuso de las multinacionales y este mundo de globalización mal digerida, acabará por enfrentarse también a un accidente cerebrovascular.

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El esperado regreso del periodista Gálvez

“El humor en sí es importante, la muerte no lo sé”, expresa Jorge Martínez Reverte, autor homenajeado en la “Semana negra”, que usa “la basura y la corrupción como elementos cotidianos” a través de su novela

El consagrado escritor y periodista Jorge Martínez Reverte, en el 30.º aniversario de la "Semana negra" de Gijón.

El consagrado escritor y periodista Jorge Martínez Reverte, en el 30.º aniversario de la “Semana negra” de Gijón. JUAN PLAZA

 

El 30.º aniversario de la “Semana negra” se citó ayer por la mañana con uno de las estrellas literarias invitadas a esta edición tan especial de uno de los principales certámenes de novela negra en el ámbito nacional e internacional. Jorge Martínez Reverte, periodista y escritor de 69 años, tuvo su primer acercamiento hace treinta años, en la primera celebración de este festival, cuando entre sus primeros participantes reunía al escritor soviético Julian Semionov, el novelista español Manuel Vázquez Montalbán, o el francés George Tyras, entre otros. Ayer, Martínez Reverte, habiendo tomado el relevo de sus congéneres y convertido en todo un maestro de este género, presentó la séptima entrega de la saga de las aventuras de la vida del “periodista, y no detective” Julio Gálvez -según enfatiza el autor- bajo el título de “Gálvez y la caja de los truenos”.

No es la primera ni la última vez que el insigne escritor pisa tierras asturianas; “un paraíso”, declara. “Asturias para mí es fundamental”, enfatiza. No en vano es territorio protagonista de “La furia y el silencio”, una de sus novelas que relata la historia del estallido popular de los mineros en 1962; y que también ha sido el escenario de dos de las novelas de Gálvez. Este nuevo título revive después de unos cuantos años las andanzas de un “mediocre” periodista cuya motivación es “trabajar, saber la verdad sobre algo y contarlo; porque es un periodista”. Oficio en el que cree que hay una evolución, “se hace mejor, aunque no siempre. Los salarios son bajos y la gente está muy mal pagada, lo que conlleva que ésta no haga bien su trabajo”, sentencia.

Bajo el paraguas de la novela negra el autor encuentra la mejor disyuntiva para “usar la basura y corrupción como elementos cotidianos” frente a otros géneros. De hecho, los presentes en el acto pudieron disfrutar de un escrito del autor a modo de presentación, donde recomendó a los periodistas abstenerse de preguntar sobre quién es ese tal Gálvez, que él mismo desconoce. “Gálvez se ha metido en mi vida, impostándose de mí de tal manera que no sé cómo apartarlo”, señaló; y acto seguido, ha dedicado unas cuantas líneas a todas esas personas que le ayudan a lidiar a diario con las secuelas producidas por el episodio de ictus que sufrió hace tres años, experiencia de la que, asegura, “se aprende mucho, pero a la vez no se aprende nada. Tampoco sabes si eso sirve para vivir mejor”. A pesar de los obstáculos de su readaptación a la vida cotidiana -por sus dificultades en el habla su mujer ejerce “de traductora de castellano a castellano”- los tres años siguientes no fueron baldíos y publicó cuatro nuevos ejemplares. Entre ellos esta nueva entrega de Gálvez, en la que, según explica, “buscar la información fue una tarea mucho más complicada”. O “Inútilmente guapo”, donde narra en primera persona su batalla contra el infarto cerebral en una prosa en la que el matiz del humor está muy presente.

Estuvo acompañado de sus más allegados, entre ellos Mercedes Fonseca, periodista asturiana y su mujer; Javier, su hermano y conocido escritor de novelas de viajes; Eduardo Riestra, editor de “Ediciones del viento”, y Jesús Egido, a quienes Jorge tilda de los culpables de su llegada a Gijón, sin olvidar a Manolo Herrero, amigo y escritor, y Ángel de la Calle, anfitrión y responsable de esta edición. Sus seguidores pudieron disfrutar de un encuentro con el autor en un homenaje a su trayectoria en el género de la novela negra, a la que tantos lectores ha logrado atraer desde la publicación de su primera entrega en 1978 con “Demasiado para Gálvez”.

“Humor, mucha mierda y un personaje que quiera ser libre; en este caso , un periodista”, son las claves que el autor considera indispensables para escribir una buena obra negra. Pero desde luego, el humor no sólo es la llave de su escritura, sino la clave de su vida: “El humor sí es importante, la muerte no lo sé”.

http://www.lne.es/verano/2017/07/14/esperado-regreso-periodista-galvez/2135077.html

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Ese humor invencible del creador de Gálvez

Jorge M. Reverte presenta la séptima entrega de la serie, en la que novela “la prepotencia de las multinacionales”

Juan Cruz.

 

Jorge Martínez Reverte, este lunes en la Feria del Libro de Madrid.
Jorge Martínez Reverte, este lunes en la Feria del Libro de Madrid. SAMUEL SÁNCHEZ

No hay estadísticas al respecto, pero seguramente la presentación de Gálvez y la caja de los truenos (Ediciones del Viento), de Jorge Martínez Reverte, estará entre las más alegres registradas en los más de 70 años de la Feria del Libro de Madrid. Fue anoche, en el Retiro, y estaban los hermanos y los innumerables amigos de una de las personas más queridas y virtuosas del periodismo y de la literatura española.

En 2014, sufrió un ictus, experiencia que narró en Inútilmente guapo. Y con este libro que presentó anoche no solo desafío el maldito padecimiento, sino que muestra, otra vez, el humor invencible sin el cual no hubiera escrito varios libros y no hubiera seguido siendo el que inventó el personaje de Gálvez (en Demasiado para Gálvez, de 1979) cuyas aventuras siguen con esta nueva entrega, la séptima, de la serie. La gente quiere saber en quién se inspiró para crear a ese periodista ingenuo e impetuoso. A esa pregunta (“¿Quién coño es Gálvez?”) respondió Martínez Reverte por boca de su mujer, Mercedes Fonseca: si después de todas las prótesis que emplea (gracias a la cual las mujeres que lo cuidan hicieron de su “cuerpo devastado algo que se parece a uno de verdad”), es incapaz de saber quién es él mismo, “¿cómo voy a saber quién es Gálvez?”.

Su hermano Javier dijo que Gálvez podría ser “un Quijote moderno, un tipo ético en un país sin ética”. Guillermo Altares, periodista de EL PAÍS, señaló que este quijote que no es Gálvez pero se le parece “es un inmenso periodista de hechos”, capaz de investigar bien hasta la ficción. Jesús Egido, editor, amigo suyo, celebró “la recuperación de la tradición del humor en la escritura; con ese humor contagia la realidad”. Eduardo Riestra, editor de la novela, se sintió agradecido de ser citado entre sus personajes.

En la sala estaban otros nombres que festonean las páginas de la nueva entrega. La risa con la que asistió a los panegíricos fue el pórtico a su broma final, que leyó su mujer: “Un consejo que les ofrezco gratis si me lo permiten: si les dan a elegir, no escojan ictus; quédense con susto”.

El periodista, nacido en 1948, colaborador de EL PAÍS, autor de novelas, ensayos, historias y columnas, va en su recuperación al logopeda y a rehabilitación, vive las consecuencias de aquel golpe del abismo y en estos tres años desde aquel miedo ha escrito cuatro obras, solo o en compañía de otros. Dice Javier sobre esa energía: “Jorge tiene mucha fuerza mental y siempre ha sido un hombre lleno de voluntad. Esa es la historia”. La raíz de su humor. Ese humor es Jorge. Hace dos años, cuando publicó acaso el más difícil de todos sus libros, dijo: “Sin el humor yo no había salido adelante”. Aquel libro tenía el humor hasta en el título, Inútilmente guapo (Esfera de los Libros). Ahora sigue escribiendo como si aquella negra sombra no estuviera en el recuerdo.

Demasiado para Gálvez fue el primer título de la serie. Ese Gálvez coexistió con otro gran detective popular de la época, Pepe Carvalho, la criatura de Vázquez Montalbán. Martínez Reverte señalaba ayer a este diario antes de la presentación que Carvalho “transitaba por una vía más política. Gálvez vivía con perplejidad la sociedad que le había tocado”. Llegó al personaje “porque la profesión de periodista no estaba en causa. Y me parecía importante reírme de mí y de mis compañeros, que siempre nos tomamos muy en serio a nosotros mismos. Y no hablemos de los empresarios de prensa, que parecían todos saber cómo había que hacer la democracia y gobernarla. Se hacía un periodismo muy malo. Ahora ha mejorado algo”.

Esta nueva entrega va de “la prepotencia de las multinacionales, que solo se puede combatir con grandes movilizaciones en los Estados democráticos, es decir, con la necesaria complicidad de las instituciones democráticas”. Lo que no hay, ahora, es aquel terrorismo etarra que marcó la salida de Gálvez. “El terrorismo nos marcó mucho a todos, Gálvez incluido. Y ha dejado una gran huella en la gente. En Euskadi falta un gran debate que haga que la gente se responda a muchas preguntas. Sobre todo, cuál fue su actitud ante las víctimas, esos héroes que plantaron cara no solo al terror, sino también a la actitud de sus vecinos, que les consideraban solo como la otra cara de la moneda”.

Ese humor invencible del creador de Gálvez.

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