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Archive for 25/10/16

De Madrid al Ebro

De Madrid al Ebro. Las grandes batallas de la guerra civil española. (Galaxia Gutemberg)

A la venta la próxima semana.

14542570_1120998021320987_7427750112321181923_oEntender la Guerra Civil española sólo es posible si se parte de un hecho: ninguno de sus protagonistas sabía con anterioridad que estaba embarcándose en un conflicto de tanta envergadura, para el que no tenían los medios humanos ni financieros necesarios, ni los conocimientos técnicos imprescindibles.

Sin embargo, la guerra tuvo lugar. Empezó como un golpe de Estado, para el que, eso sí, los golpistas movilizaron a una parte sustancial del ejército y, sobre todo, a su única fracción operativa (el Ejército de África). El Estado republicano quedó tambaleante y se defendió con lo que tenía, las fuerzas de Orden Público, Guardia de Asalto y Guardia Civil, que se mantuvieron leales en gran parte, y las milicias de los partidos, sobre todo el Partido Comunista, que se organizaron con rapidez y relativa eficacia.

La primera parte del enfrentamiento fue lo que aquí se llama el dibujo de la guerra. La enorme cantidad de combates locales perfiló los puntos de partida de una guerra más seria y organizada. La primera batalla se libró en ciudades, pero también y sobre todo en las carreteras que llevaban a Madrid. Cuando la capital resistió el empujón de las fuerzas coloniales, entonces ya empezó la guerra. El Jarama, Guadalajara, el norte, Asturias, Brunete, Belchite, Teruel, Castellón, el Ebro, Valencia y Cataluña serían, cada vez más, los escenarios de enfrentamientos entre grandes masas de ejércitos con material moderno, suministrado por las grandes potencias mundiales, y mandos profesionalizados.

Este libro es el resultado de un proceso similar, porque su origen es el de una suma de propósitos anteriores. Llevo muchos años investigando y documentándome sobre la guerra civil española, lo que ha provocado que haya escrito varios libros, desde la Batalla del Ebro hasta El arte de matar. En ese proceso he contado ocasionalmente con la ayuda de Mario Martínez Zauner e Ignacio D’Olhaberriague en las tareas de investigación y documentación. El primero de ellos me ha ayudado a redactar la historia aquí presentada y a conseguir una nueva interpretación del conflicto y las razones de sus protagonistas. Ignacio D’Olhaberriague, que es un documentalista de gran envergadura, se ha encargado de documentar cada una de las batallas, un proceso agotador que requiere de la paciencia de un restaurador como él.

Creo que la visión bastante novedosa que di de la guerra en El arte de matar está ya culminada con este nuevo libro. Uno de los propósitos fundamentales de este trabajo es demostrar en primer lugar que Franco quiso desde el comienzo tomar Madrid, para acabar así la guerra, o el golpe en su momento. Hemos documentado al menos cinco ocasiones en que el caudillo de las fuerzas sublevadas intentó tomar la capital. El segundo de los propósitos es demostrar que Franco no pretendía tomar primero el territorio para hacer en él una escabechina, porque en ningún caso hubo dudas de que esa escabechina la iba a hacer al acabar el conflicto. Y así fue. Es también una falsedad muy cultivada por algunos historiadores sostener que el caudillo rebelde quería una guerra larga. Por el contrario, él quiso ganar cuanto antes, pero había algo que le detendría casi tres años, y se llamaba Ejército Popular de la República, una organización llena de defectos, pero también repleta de entusiasmo y patriotismo: los que le transmitieron sus grandes creadores, Juan Negrín y Vicente Rojo.

También, la estructura del libro propone una periodización singular de la guerra civil: una primera fase marcada por el avance nacional hacia Madrid, desde el norte y el sur, que acaba en las distintas batallas por su conquista (Madrid, Jarama y Guadalajara); una segunda, tras el fracaso en la toma de la capital, en la que la lucha se desplaza al frente del norte, y que incluye los esfuerzos republicanos por impedir el avance nacional (el más destacado, el de Brunete); una tercera, tras la toma del norte por las tropas sublevadas, en la que lo más destacable acontece en los escenarios de Aragón (Belchite, Teruel) y de Levante (Castellón), hasta que el territorio de la República queda partido en dos; y una cuarta y última etapa, marcada por el último intento republicano de inclinar la contienda a su favor en la batalla del Ebro, y tras su fracaso, por la toma por los franquistas de Cataluña. Madrid, que había sido la obsesión de los golpistas dirigidos por Emilio Mola, y del ejército franquista después, fue la última en caer.

Dado que el relato se estructura por batallas y frentes, no siempre sigue una linealidad cronológica, sino que en ocasiones realiza pequeños saltos temporales y digresiones, que lejos de complicar la comprensión del conflicto, deberían facilitarla.

En esencia, el libro se ha documentado con las aportaciones de muchos autores, singularmente, y hay que destacarlo, de lo escrito por José Manuel Martínez Bande, en su monumental historia de la guerra civil, y toda la bibliografía que figura en el libro El arte de matar, entre ellos algunos trabajos como los de Fernando Puell. Pero ha habido que recurrir en muchas ocasiones a los archivos militares, que ya habíamos trillado en otras ocasiones y que funcionan cada vez con mayor eficiencia, no sólo para encontrar la confirmación de juicios que se dan en el libro, sino a veces, el feliz hallazgo de nuevas líneas de trabajo. Mario e Ignacio lo han resuelto de manera más que satisfactoria.
Ellos dos han sido piezas esenciales para este trabajo, que debería haber culminado como una historia de la guerra, cosa que no descarto que se produzca en tiempos cercanos. Eso sí, siempre que cuente con colaboradores tan eficaces como esta vez. Y, por supuesto, con una editora tan puntillosa y eficaz como es María Cifuentes. Tanto ella como Pacho Fernández Larrondo han conseguido que el libro aparezca para el lector muy libre de tropelías.

Jorge M. Reverte, Madrid, julio de 2016.

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