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Archive for 30 octubre 2016

Indeseables

No es preciso pararse mucho a pensarlo: hay dos dos tipos en el Congreso que son auténticos indeseables, que son Gabriel Rufián y Oskar Matute. ¿Por qué los independentistas se obstinan en mostrarnos su cara más repugnante?

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Hijo doctor

Desde hace dos días soy padre de un doctor en Antropología, que no sé muy bien qué es. Mi padre habría dicho que es la ciencia de comer personas. Pero  eso ya me han explicado que es la antropofagia. O sea, que me queda por saber qué comen los antropólogos. Al parecer los padres de los doctorandos se suelen emocionar en las ceremonias que sirven para llegar a ese grado. Y yo tengo que reconocer que no he sido ninguna excepción, que me emocionó la forma en que mi hijo, que se llama Mario Martínez Zauner, se dirigió al tribunal, con un discurso bien estructurado, bien escrito, y bien dicho. Espero que le den un Cum Laude. Si no, ya tengo amenazado al tribunal.

La tesis de Mario versa sobre los presos políticos del tardofranquismo,  y tiene una deuda intelectual con Deleuze, reconocida por el autor. Eso, va de soi, significa que yo estoy muy en desacuerdo con su fundamento teórico. Pero en cambio, estoy encantado con la parte testimonial de la tesis. Me gusta además su estructura y su escritura.

Estoy orgulloso de mi hijo.

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De Madrid al Ebro

De Madrid al Ebro. Las grandes batallas de la guerra civil española. (Galaxia Gutemberg)

A la venta la próxima semana.

14542570_1120998021320987_7427750112321181923_oEntender la Guerra Civil española sólo es posible si se parte de un hecho: ninguno de sus protagonistas sabía con anterioridad que estaba embarcándose en un conflicto de tanta envergadura, para el que no tenían los medios humanos ni financieros necesarios, ni los conocimientos técnicos imprescindibles.

Sin embargo, la guerra tuvo lugar. Empezó como un golpe de Estado, para el que, eso sí, los golpistas movilizaron a una parte sustancial del ejército y, sobre todo, a su única fracción operativa (el Ejército de África). El Estado republicano quedó tambaleante y se defendió con lo que tenía, las fuerzas de Orden Público, Guardia de Asalto y Guardia Civil, que se mantuvieron leales en gran parte, y las milicias de los partidos, sobre todo el Partido Comunista, que se organizaron con rapidez y relativa eficacia.

La primera parte del enfrentamiento fue lo que aquí se llama el dibujo de la guerra. La enorme cantidad de combates locales perfiló los puntos de partida de una guerra más seria y organizada. La primera batalla se libró en ciudades, pero también y sobre todo en las carreteras que llevaban a Madrid. Cuando la capital resistió el empujón de las fuerzas coloniales, entonces ya empezó la guerra. El Jarama, Guadalajara, el norte, Asturias, Brunete, Belchite, Teruel, Castellón, el Ebro, Valencia y Cataluña serían, cada vez más, los escenarios de enfrentamientos entre grandes masas de ejércitos con material moderno, suministrado por las grandes potencias mundiales, y mandos profesionalizados.

Este libro es el resultado de un proceso similar, porque su origen es el de una suma de propósitos anteriores. Llevo muchos años investigando y documentándome sobre la guerra civil española, lo que ha provocado que haya escrito varios libros, desde la Batalla del Ebro hasta El arte de matar. En ese proceso he contado ocasionalmente con la ayuda de Mario Martínez Zauner e Ignacio D’Olhaberriague en las tareas de investigación y documentación. El primero de ellos me ha ayudado a redactar la historia aquí presentada y a conseguir una nueva interpretación del conflicto y las razones de sus protagonistas. Ignacio D’Olhaberriague, que es un documentalista de gran envergadura, se ha encargado de documentar cada una de las batallas, un proceso agotador que requiere de la paciencia de un restaurador como él.

Creo que la visión bastante novedosa que di de la guerra en El arte de matar está ya culminada con este nuevo libro. Uno de los propósitos fundamentales de este trabajo es demostrar en primer lugar que Franco quiso desde el comienzo tomar Madrid, para acabar así la guerra, o el golpe en su momento. Hemos documentado al menos cinco ocasiones en que el caudillo de las fuerzas sublevadas intentó tomar la capital. El segundo de los propósitos es demostrar que Franco no pretendía tomar primero el territorio para hacer en él una escabechina, porque en ningún caso hubo dudas de que esa escabechina la iba a hacer al acabar el conflicto. Y así fue. Es también una falsedad muy cultivada por algunos historiadores sostener que el caudillo rebelde quería una guerra larga. Por el contrario, él quiso ganar cuanto antes, pero había algo que le detendría casi tres años, y se llamaba Ejército Popular de la República, una organización llena de defectos, pero también repleta de entusiasmo y patriotismo: los que le transmitieron sus grandes creadores, Juan Negrín y Vicente Rojo.

También, la estructura del libro propone una periodización singular de la guerra civil: una primera fase marcada por el avance nacional hacia Madrid, desde el norte y el sur, que acaba en las distintas batallas por su conquista (Madrid, Jarama y Guadalajara); una segunda, tras el fracaso en la toma de la capital, en la que la lucha se desplaza al frente del norte, y que incluye los esfuerzos republicanos por impedir el avance nacional (el más destacado, el de Brunete); una tercera, tras la toma del norte por las tropas sublevadas, en la que lo más destacable acontece en los escenarios de Aragón (Belchite, Teruel) y de Levante (Castellón), hasta que el territorio de la República queda partido en dos; y una cuarta y última etapa, marcada por el último intento republicano de inclinar la contienda a su favor en la batalla del Ebro, y tras su fracaso, por la toma por los franquistas de Cataluña. Madrid, que había sido la obsesión de los golpistas dirigidos por Emilio Mola, y del ejército franquista después, fue la última en caer.

Dado que el relato se estructura por batallas y frentes, no siempre sigue una linealidad cronológica, sino que en ocasiones realiza pequeños saltos temporales y digresiones, que lejos de complicar la comprensión del conflicto, deberían facilitarla.

En esencia, el libro se ha documentado con las aportaciones de muchos autores, singularmente, y hay que destacarlo, de lo escrito por José Manuel Martínez Bande, en su monumental historia de la guerra civil, y toda la bibliografía que figura en el libro El arte de matar, entre ellos algunos trabajos como los de Fernando Puell. Pero ha habido que recurrir en muchas ocasiones a los archivos militares, que ya habíamos trillado en otras ocasiones y que funcionan cada vez con mayor eficiencia, no sólo para encontrar la confirmación de juicios que se dan en el libro, sino a veces, el feliz hallazgo de nuevas líneas de trabajo. Mario e Ignacio lo han resuelto de manera más que satisfactoria.
Ellos dos han sido piezas esenciales para este trabajo, que debería haber culminado como una historia de la guerra, cosa que no descarto que se produzca en tiempos cercanos. Eso sí, siempre que cuente con colaboradores tan eficaces como esta vez. Y, por supuesto, con una editora tan puntillosa y eficaz como es María Cifuentes. Tanto ella como Pacho Fernández Larrondo han conseguido que el libro aparezca para el lector muy libre de tropelías.

Jorge M. Reverte, Madrid, julio de 2016.

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El escritor Jorge Martínez Reverte y el dibujante Pedro Arjona retoman la aventura de Marta, la aguerrida periodista que protagonizó una tira diaria en el diario EL PAÍS en los noventa.

Pincha en el enlace.

La nueva vida de Marta

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Hacer la presentación de un libro de Alfonso Corominas exige, en mi caso, tomar algunas precauciones.

La primera es intentar olvidar que Alfonso es amigo mío, como él ha hecho conmigo, porque pedirme que haga esta presentación supone que no considera que nuestra amistad sea algo importante. Porque me cuesta mucho hacerla, y él lo sabe. Entonces, ¿por qué me somete a esa prueba?

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En segundo lugar, aunque muy relacionada con la anterior, se trata de saber o de decidir,  mejor dicho,  de qué estamos hablando, de un escritor ciego o de un ciego que escribe. La verdad es que no hace falta más que leer unas páginas de Alfonso para saber, sin riesgo de error, que estamos ante un escritor que es ciego, como sabemos también que es un culé ciego. Es más, estamos ante un muy buen escritor ciego, o sea, que lo de ciego nos importa un carajo. Como le dijo una vez un taxista que quería ser políticamente correcto, Alfonso es un muy buen escritor “evidente”. Y el pobre señor, que hablaba con tanta falta de tino como buena intención, acertó, porque es una evidencia lo de la calidad de su escritura. Tema zanjado.

Pero había que hacerlo porque yo tengo alguna responsabilidad en que estemos  aquí.

Todo escritor desea que sus libros se publiquen, porque la escritura se inventó para comunicarse.  Y Alfonso no es ninguna excepción. Un día pasó por delante de mi puerta una oportunidad, y paré el coche donde viajaba. Y resultó que era buena la oportunidad. Le di el texto de Alfonso sobre su viaje a Granada con Pilar, y a la oportunidad le gustó, y por ello publicó el libro. La obra buena ya estaba hecha, y mi amigo ciego publicó un libro como si fuera un evidente.

Pero pasó el tiempo y Alfonso siguió escribiendo, con la mala suerte para los amigos de que cada vez lo hacía mejor y le dedicaba más tiempo y, por tanto, más páginas. Un día nos contó a Mercedes y a mi el proyecto del que  ahora todos tenemos una parte en las manos. Es una obra magna. Ni más ni menos que una gran historia literaria del adulterio femenino moderno en la literatura europea de finales del XIX y principios del XX.

Madame Bovary y su París, Effi Briest y Berlín, Anna Karenina y San Petersburgo, Ana Ozores y el monumental Oviedo y Luisa y Lisboa.

Cada una de las ciudades (con permiso de Oviedo) y cada una de las mujeres que desfilan por ellas nos podrían llevar una vida entera con sus cuitas, que son mucho más contemporáneas de lo que creíamos.

Y Alfonso las recorre todas andando, pausadamente, del brazo de Pilar.  Es obligado ahora decir que Pilar no es ni un lazarillo ni un pretexto. Pilar, y ya estamos entrando en la esencia literaria del libro, es un elemento clave en el estilo con el que Alfonso acomete su trabajo. Porque Pilar es el eco, la respuesta a muchas de las preguntas que el autor se hace a lo largo de las páginas del libro, y es un referente ético para el autor.  Cuantas dudas le surgen hallan su respuesta en los silencios o las  reflexiones comprensivas unas veces, airadas otras, suaves siempre, de Pilar, que se convierte, bueno, más su imagen literaria que ella, en una parte sustancial de cómo se escribe este ensayo-viaje-novela.

Sustancial digo, y no exagero, porque concierne al punto de vista, lo que en un autor cualquiera, y mucho más en un autor tan cuidadoso como es Alfonso, es algo sustancial. Alfonso es narrador omnisciente, pero al mismo tiempo es actor en el libro,  él pasea, lee, escucha, juzga,  y  nos larga su opinión que sólo contrasta, hasta ahí podíamos llegar, cuando el asunto le favorece. Alfonso es el único que se ha leído todo aquello de lo que nos habla. Deja un poco para Pilar, pero se guarda para sí mismo lo que todos los escritores hacen. Y Pilar, ya lo sabemos todos, es un personaje literario más de Alfonso. No nos consta su existencia real, sólo sus opiniones, que en el mejor de los casos están filtradas por el autor. El punto de vista del autor, es pues, múltiple, lo que tiene consecuencias narrativas pero también morales.

Effi tiene casi más consistencia con Alfonso que con Theodor Fontan. Es un personaje tan desvalido que los lectores nos ponemos absolutamente de su parte, tomamos esa opción moral, pastoreados, como es natural, por el escritor. Y es en muchos tramos de la narración un personaje caprichoso e imbécil, que se merece en ocasiones su mediocre y triste destino. Pero, en su momento nos llega a enamorar, nuevamente porque Alfonso ha tenido a bien que eso pase.

Y a mi, me sucede lo que al autor,  que me gusta más Effi cuando Alfonso quiere que eso me ocurra que la Effi pensada por el autor original.

El triste final de la novela que le lleva a Alfonso a patearse Berlín junto a la complaciente y lista Pilar,  se antoja inevitable, una vez que se conoce a todos los personajes en liza.

Hay otra dimensión en el libro que es inestimable, y es la maravillosa descripción de Berlín y sus alrededores. A mi me habría encantado ir junto a Pilar y Alfonso a buscar un taxi por Postdam. Y aquí no sólo es importante la documentación que los dos paseantes han reunido, sino el extraordinario sentido de las proporciones y de la calidad de los materiales que tiene Corominas. Por ejemplo, al margen de sus descripciones sacadas de un libro y de la ayuda de Pilar,  hay sorprendentes incursiones del autor que delatan un, espero que no sea demasiado tópico, sexto sentido que le da al lector la idea del espacio que está siendo hollado por sus zapatos.

Gracias a Corominas he conocido a Effi Briest y un Berlín que existe ahora y otro que existió hace cien años. También a una mujer que adulteraba cuando no se sabía lo que era eso.

Lo sabremos muy bien cuando Alfonso ayude a Madame Bovary, a Ana Ozores y las otras a contarnos su aventura.

Gracias, Alfonso, y espero que tú me agradezcas que te haya dado la oportunidad de escuchar esta lectura única de Luz rodríguez en Oviedo.

No ha podido venir George Steiner para hacer algunas frases memorables. Confórmense ustedes con lo que tienen.

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DYLAN

¡Pues claro !

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EXCELENTE novela sobre el País Vasco. Quien lo conozca lo reconocerá, y quien no, la disfrutará por bien escrita, por sus bien construidos personajes y trama. ¡bravo por un buen escritor!

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