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Archive for 31 marzo 2014

Antonio Avendaño es uno de los mejores periodistas españoles. A mi me lo parece. Por eso, me llena de orgullo la crítica (nada complaciente) que hace de mi último libro en su periódico digital:

 

http://www.andalucesdiario.es/politica/los-heroes-comunistas-no-pueden-ser-maricones/

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Shakira

Me complace que los poderes públicos entren en la vida de los comunes. Shakia ha grabado una canción que se titula “Boig per tu” (Loca por ti) en catalán, como su título anuncia. Y algunos (no sé cuantos) descerebrados la han insultado, cosa que no habría sucedido si la canción, (sobre la que lo ignoro todo, empezando por su calidad) hiciera sido grabada en inglés. Hasta ahí, todo normal, incluido el porcentaje de subnormales que critican eso. Pero viene la Generalitat y lo arregla: manifiesta su repulsa a actos como ese y apoya a la cantante. Es el mejor indicador de que catalanes y resto de españoles somos lo mismo: Florianos los hay en todas partes.

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Revuelo

Se ha montado un revuelo no sé si desmesurado en torno a mi artículo del jueves pasado en El País. Unos 7.000 twiteos. Una gran parte de los comentarios que me han llegado me dedica adjetivos tan delicados como “facha”. 

Ignorantes.

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Cesc Fabregas

Yo pensé que este chico era sensato. Es posible que el dinero ayude a quitar la sensatez. Una marca dedicada a cosas del sonido ha grabado un anuncio para televisión en el que Cesc se quita la presión de unos salvajes simpatizantes madridistas, que le increpan en actitud violenta, poniéndose unos cascos que le aíslan del terrorífico acoso. Estoy a la espera de ver el partido, porque soy futbolero, y del Real Madrid. No sé si va a llegar a emitirse el dichoso anuncio. Pero el mal ya está hecho en gran parte. Imagino a muchos catalanes partidarios del Barça relamerse satisfechos por mostrar a los adversarios como unos salvajes sedientos de sangre. Y a muchos madrileños exaltarse indignados y buscar la simétrica actitud de odio en Canaletas. ¿lo emitirán? En las redes sociales se verá. Yo no pienso comprtar jamás unos cascos, ni nada que produzca una marca capaz de fomentar el odio.

Algunos periódicos catalanes se escandalizan aún de que Figo no les conceda entrevistas. Y se olvidan de aquel partido en el que alguien tiró una cabeza de cerdo al campo, dedicada a él. Aquella campaña terrible de odio contra Luis Figo fue alentada desde la prensa. 

No aprendemos. Mejor dicho: hay quien sigue aprendiendo. Quizá la dichosa fábrica de cascos (me pienso enterar, por supuesto, de quién se trata) piense que le va a ser rentable encontrar un nicho de mercado entre gente que se complace en el odio. Y no está mal pensado ahora, cuando las tensiones entre Cataluña y Madrit (sic) están como están.

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Willy Toledo

Una amiga muy querida, Silvia Ribelles, que vive a muchos kilómetros de aquí, me hace algunas preguntas relacionadas con las manifestaciones de ayer en Madrid.  

Silvia está confusa porque no comprende algunas cosas después de leer la prensa. Por ejemplo, las distintas versiones sobre la violencia que se registró al acabar los actos. Y hay que recordar que paso de todo. Que hubo algunos grupos que procuraron la intervención policial. Había gente que iba a eso, provocar una reacción dura de los antidisturbios. Son lo de cuanto0 peor mejor. No son muchos, son pocos, pero son demasiados. Y es muy difícil que una convocatoria tan dispar como la de ayer en Madrid, pudiera poner en marcha un servicio de orden que les hubiera aislado e, incluso, reprimido. A mi me da lo mismo el calificativo para esta gente: me es indiferente que sean de extrema derecha o de extrema izquierda, porque lo que une a ambas es la valoración de la violencia como algo necesario. Los que se consideran de izquierda dicen que se trata de provocadores de la policía. Eso me recuerda a los años de plomo, los setenta y los ochenta, en que muchos amigos comunistas decían que los GRAPO eran agentes de la policía. Pues no, somos mayorcitos y sabemos que gente así hay en los dos extremos del arco político. A mi no me importa que alguno0s de ellos se lleven unos guantazos. Me disgusta enormemente que otros los reciban por su culpa. Y me disgusta el entusiasmo que muestran algunos policías algunas veces al reprimir.

No hubo tanta violencia, no hay que escandalizarse. No se si había en la calle doscientas mil personas o cincuenta mil. En todo caso, los salvajes eran pocos y Madrid no quedó arrasado como dice ABC.

Lo que sí quiero contarle a mi amiga Silvia es por qué no fui a la manifestación. Es muy sencillo: sabía que el manifiesto lo iba a leer Willy Toledo. Y este chaval me representa menos aún que la delegada del gobierno. Toledo es un defensor público de la dictadura cubana, y un soporte intelectual (?) de Maduro, el hombre que quiere acabar con los restos de la democracia en Venezuela. Me es igual qué palabras diga Toledo. Si las dice él, adquieren un sentido que me aleja. Por mucho que me conmuevan los hombres y mujeres que venían a Madrid a manifestar su frustración y su rechazo a las medidas del gobierno que padecemos, no podía estar. No sé cómo se llegó a decidir que Toledo leyera el manifiesto. Pero se decidió eso. Estoy en contra de este gobierno, quiero que caiga, que de paso a otra política, pero no a la que preconiza Willy Toledo.

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Minuto de silencio

Paso la tarde de un canal a otro de televisión. Por supuesto, las emisoras públicas dedican especiales a la muerte de Adolfo Suárez, tan inoportunamente avanzada por su hijo, Adolfo Suárez Illana.

Uno de los parones, a las 19,00 me coincide con el comienzo de un partido de fútbol en Valencia, en el campo de Mestalla. Y observo como los jugadores permanecen abrazados en el centro del campo, y el público observa un minuto de silencio con todo respeto. Es lo menos -me digo- y me congratulo de que se haga eso en un campo de fútbol.

Pero la cámara se fija en una fotografía que aparece en el estadio a gran tamaños. Y descubro que el minuto está dedicado a un ex jugador valencianista, Emilio Ribelles, muerto la semana pasada.

Seguramente lo merecía, pero cabe preguntarse qué cuadrilla de indocumentados ha decidido hacer eso, hurtarle a Suárez el reconocimiento público que hoy debe ser casi un monopolio hacia su figura.

Me imagino el razonamiento: “es que nosotros no podemos entrase en política”.

Claro. Pero yo, sin entrar en fútbol, que es lo contrario, al parecer, quiero decir que me da asco.

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ENTREVISTA

Jorge M. Reverte: “La novela histórica me da repelús”

El autor biografía la historia de Bill Aalto, comunista y homosexual combatiente en la Guerra Civil

El neoyorquino lideró el comando que liberó a 300 republicanos en una prisión de Granada

MANUEL MORALES. Madrid 12 MAR 2014
Bill Aalto, en España en 1938.

Buceando en Internet sobre la Guerra Civil, el escritor Jorge M. Reverte (Madrid, 1948), autor de la exitosa La batalla del Ebro y La caída de Cataluña, descubrió a un neoyorquino de origen finlandés, de dos metros de alto, comunista, homosexual y miembro de la brigada Abraham Lincoln en la contienda española. Bill Aalto (1916-1958) no llegó a luchar en las trincheras, su especialidad —forjada en los años de peleas con policías y esquiroles en la Gran Depresión— fueron los sabotajes y aventuras guerrilleras como la del fuerte de Carchuna, el 23 de mayo de 1938.

“Me pareció una hazaña memorable, Carchuna es un episodio poco conocido, con los ingredientes de una película”. Reverte se refiere a lo ocurrido en el castillo del municipio granadino de Motril que servía de cárcel para unos 300 combatientes republicanos. “Aalto fue el jefe del comando de unos 30 guerrilleros que, tras un desembarco nocturno, asaltó el fuerte y liberó a los prisioneros”. Reverte tiró del hilo de este personaje y se topó con otro momento novelesco de su vida. En el verano de 1949, un Aalto borracho y con un cuchillo enorme en la mano persigue a su amante, el poeta James Schuyler, en la casa en Ischia (Italia) de un amigo común, el también escritor Wystan Hugh Auden. El que hubiera una mesa de cocina por medio salvó la vida a Schuyler y aquel episodio confirmó a Reverte que Aalto “tenía el libro” que ahora ha visto la luz: Guerreros y traidores (Galaxia Gutenberg).

“Es una biografía, no una novela histórica”, subraya. “He mantenido una disciplina enorme para no mezclar la invención con los datos. El libro lo he vivido casi como un reportaje periodístico. La novela histórica me da repelús, es un género que, salvo escasas excepciones, y no sé si me acuerdo de alguna [risas], no me provoca el menor placer”. No fue fácil para este periodista e historiador seguir el rastro de Aalto, al que ha dedicado un año. “Estuve a punto de dejarlo varias veces porque no había mucha información y no quería inventarme nada. Sin embargo, gracias a varias universidades estadounidenses encontré biografías de su amigo Auden que detallan momentos con Aalto y Schuyler”. Esta pareja se había conocido en un bar de mala muerte cerca de la estación Central de Nueva York. Además, Schuyler dejó escrito un poema sobre su tormentosa relación. “También me ayudaron los textos de un escritor gastronómico, Richard Olney, porque Aalto fue su cicerone en los bistrotsparisienses”.

Jorge Martínez Reverte. / ULY MARTÍN

Lo que sí es sabido es que los guerrilleros como este neoyorquino de El Bronx “entraron mucho en contacto con los campesinos, los necesitaban porque conocían el terreno”. “Aalto estuvo sobre todo en Andalucía, quizás por eso le gustaba el flamenco y hasta interpretaba canciones españolas. Imagínatelo”, dice Reverte, que achina sus ojos azules como si estuviera viendo a aquel tallo gritando “¡olé!”.

El puente de Albarracín

Además de los hechos de Carchuna, Reverte destaca el protagonismo del estadounidense en la voladura del puente de Albarracín, el 14 de diciembre de 1937, junto a su amigo Irving Goff. “Fue una acción que prologó la batalla de Teruel y sirvió a Hemingway para inspirarse en Por quién doblan las campanas”. Goff, “el adonis de Coney Island”, es otro tipo que fascina a Reverte. “Empezó peleando en la calle con los sindicatos, vino a la Guerra Civil, luchó en la Segunda Guerra Mundial… Era de una pieza, de los que no duda. Un macho que, sin embargo, denunció a su amigo Aalto al Partido Comunista de EE UU cuando este le confesó su homosexualidad”. Reverte conoció también a Milton Wolff, último jefe de la Brigada Abraham Lincoln, hace años en un acto de homenaje a las Brigadas Internacionales en Rivas (Madrid). “Era muy alto, tenía casi 90 años y todavía se ponía loco cuando pasaba una chica guapa”.

Aalto acabó como un bebedor violento, “un personaje trágico, frustrado por no volver a la guerra”

Aunque pueda parecerlo, Guerreros y traidores no es un homenaje a los brigadistas. “Sí hay cierta fascinación por estos jóvenes generosos pero también hay una desmitificación. Eran, a la vez, disciplinados comunistas, tanto que algunos se convirtieron en psicópatas que perseguían a sus camaradas. No vinieron a España engañados, querían luchar contra el fascismo y sufrieron muchas bajas, estuvieron en primera línea en el Jarama, Brunete, Teruel, el Ebro…”. En sus filas había obreros y escritores, un hermanamiento de clases que había comenzado en las calles de urbes estadounidenses en los años treinta y “llegó a su culminación en la guerra española”.

Cuando los brigadistas regresaron a EE UU, “se convirtieron en traidores” a su causa porque la mayoría miró para otro lado tras el acuerdo entre Hitler y Stalin. “Solo cuando Alemania invade la Unión Soviética consideran que Estados Unidos debe entrar en el conflicto. Hasta entonces decían que era un lucha entre imperialismos”. Los amigos de Aalto volvieron a Europa, reclutados por los servicios secretos como guerrilleros para infiltrarse en las filas nazis. A él le discriminaron por su descubierta homosexualidad y tuvo que conformarse con ser el instructor que enseñaba a los aspirantes a guerrilleros.

El último acto de Guerreros y traidores es un descenso a los infiernos. Aalto se ha convertido en un bebedor violento, “un personaje trágico, frustrado por no volver a la guerra y por no convertirse en poeta, como la mayoría de sus amigos”. “Viajó por Europa, donde él y otros escritores compraban el amor de jovencitos por un paquete de cigarrillos”, explica Reverte. En EE UU había comenzado la caza de brujas y el FBI le acosaba para que cantase los nombres de sus camaradas comunistas, aquellos que le habían delatado al partido y marginado por gay. Aalto prefirió ser íntegro y callar, quién sabe si porque intuía que no le quedaba mucho.

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