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Archive for 5/02/14

Martínez Reverte publica «Guerreros y traidores» historia de un brigadista «que no pudo lograr nada de lo que se propuso porque era comunista y homosexual»

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JAIME GARCÍA

Pocos lectores podrán imaginar un libro como «Guerreros y traidores» (Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores) sobre los brigadistas internacionales de la Guerra Civil con tanta acción. Febril, como en la mejor película de espías, la historia de Bill Aalto, un brigadista norteamericano de origen finlandés, sirve a Jorge Martínez Reverte para documentar meticulosamente un momento en el que el mundo giró violentamente sobre sus goznes. Atrapado, Bill Aalto nos pasea por el Madrid bélico y cosmopolita, gracias a la presencia deHemingway,Auden y Dos Passos, que escribían sobre la guerra (con fotos de Capa y Gerda Taro). Y de allí nos lleva a EE.UU., a la medra del comunismo por los muros de la Guerra Fría y un sinfín de traiciones y pasiones desatadas.

El lector reconocerá a muchos de los personajes de este ensayo con pulso de novela, desde el director del FBI a Rafael Alberti, pero la historia que nos cuenta es sorprendente. Martínez Reverte descubrió a Bill Aalto mientras investigaba el asalto a una cárcel durante la guerra. «En 1938, 30 hombres liberaron a 300 presos republicanos en Cachuna, cerca de Motril, un acto de guerra que es ya una película. Como es en la guerra española tiene ese nivel de chapuza que esperamos (sonríe). El asalto con desembarco anfibio incluía un barco remolcado porque le falló el motor. Es la hazaña de la guerra más llamativa. Bill Aalto era el jefe de esa operación». Pero su historia será trágica.

Su vida daba, según confiesa, para una novela o un largo reportaje, pero el autor quiso adentrarse más en la historia. Aalto está en el centro del Madrid en el que Alberti y María Teresa León organizaban fiestas en el Hotel Florida a los corresponsales y escritores, como Hemigway, que «necesitaban buscar héroes para sus crónicas de la guerra. El acto que utiliza Hemingway para “Por quién doblan las campanas” será la voladura del puente de Albarracín, dos días antes de la batalla de Teruel. En esa acción está Aalto con su íntimo amigo -que luego le traicionará- Irving Goff». La Brigada Lincoln contaba con toda la atención de «estos corresponsales, con lugar propio en la historia de la literatura, por eso podía parecer que estaban a punto de ganar la guerra ellos solos», comenta Martínez Reverte.

La ideología imanta este relato trepidante de principio a fin, un relato que lo es también de cómo las ideologías inflamaron y después abrasaron como víctimas a muchos de sus correligionarios, desde la movilización al doloroso desencanto. «Casi todos los americanos eran comunistas. En aquel entonces no era esta bobada de ahora, tenían una obediencia estalinista, eran patriotas antes del comunismo que de los EE.UU.»

Ello les convierte, en cierto modo, en traidores. Y todo se complica cuando el más íntimo amigo de Aalto, Irving Goff -«el Adonis de Coney Island»-, se entera de que es homosexual y le denuncia ante el partido. Es expulsado con oprobio. «Esto le convierte en un personaje trágico. Él era comunista desde pequeño, y una gran parte de esa ideología la mantiene hasta su muerte»

A todas estas traiciones de ida y vuelta, de prejuicio e intolerancia, viene a sumarse la caza de brujas de McCarthy. «Les persigue un salvaje, que era un facha, pero había razones de seguridad objetivas para vigilarles, porque estaban obedeciendo a Stalin», comenta el autor. La historia es más paranoica. Les persiguen por comunistas y, en el caso de Aalto y otros, además por homosexuales -cuando Hoover, el director del FBI también era homosexual-». Cosas de la guerra fría.

En definitiva «Aalto es un héroe al que no le dejan serlo. Es el que tiene las mejores condiciones. Pero es un maricón y a un maricón no le dejan ser un héroe en ese tiempo, ni los patriotas estadounidenses de derechas o liberales ni sus propios camaradas. Solo le dejan los poetas refinados. No hay término medio para él. O los peores tugurios de los puertos o los salones literarios, donde puede estar con Auden, con Schuyler», recuerda Martínez Reverte.

Estos hombres, con su propaganda, están en el centro de la nostalgia que la izquierda puede aún sentir por la República y la lucha de aquellos años. «Convencieron a medio Hollywood, a la intelectualidad británica. Y en la República predominó el comunismo, no el toque liberal». Pero Aalto murió en un hospital de beneficencia neoyorquino, «lejos de sus camaradas y rodeado por sus amigos gays. No consiguió nada de lo que se propuso a pesar de estar en el centro de toda la época. No consiguió ser un héroe porque no le dejan, ni ser un escritor porque le falta talento. Se quedó como un chaval encantador que cuando bebía se convertía en un asesino».

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