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Archive for 29/10/12

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LA IDENTIDAD DE LOS OTROS

 

La verdad es que esto de la identidad es un asunto endiablado. Sobre todo, si tiene uno que definir la propia. La de los demás, se resuelve con cierta facilidad a base de aplicar a los habitantes de un lugar cualquiera lo que está a la vista. Por ejemplo, yo no me siento negro por razones evidentes si se me puede ver físicamente. De forma parecida se puede razonar que mi identidad no reside en la cualidad adquirida de ser ciclista ni en la sexual de ser mujer. Me expreso normalmente en castellano, lo que me identifica con unos cuatrocientos millones de personas que, al ser tantos, enturbian de una manera insoportable mi capacidad de ser diferente. Soy más bien bajito, pero he visto suecos de mi estatura. Y de Madrid, que es donde he nacido, detesto tantas cosas que no sé si me apetece que me definan fundamentalmente por eso.

No puedo sentirme marroquí, porque no hablo el árabe de allí con ninguna fluidez y, además, no profeso la religión mayoritaria de allí, como no profeso la de aquí. Soy profundamente arreligioso.

Por la comida también está complicada la cosa, porque en Sicilia puedo estar años sin salirme de la dieta de la isla. Eso sí, podré echar de menos el jamón ibérico, pero también un buen sushi.

Catalán y vasco solo puedo serlo a medias, porque no hablo nada de euskara y mi catalán se refugia apenas en la lectura y el oído, no en la expresión verbal. Por lo demás, detesto las sardanas por aburridas, me gusta más el champagne que el cava, y prefiero el piano a la txalaparta.

¿Cómo encontrar mi identidad? Yo creo que lo mejor es no buscarla, porque siempre que he conocido a alguien que la buscaba lo hacía buscando un referente a quien detestar, alguien de quien sentirse diferente. Llegado a un extremo, el personal que se preocupa demasiado por las identidades acaba queriendo matar a otro. Y eso es un sentimiento impresentable. Sobre todo porque se le quiere matar por lo que aparenta (tener una identidad reconocible) y no por lo que es.

Un taxista con el que tuve una trifulca en una ocasión comenzó a quejarse de los delincuentes extranjeros. Cuando yo le dije que también los había de Madrid, me dijo con toda tranquilidad que esos eran “de casa”. Prefería una cuchillada de un paisano que la de un foráneo.

Un parlamentario catalán, naturalmente de Esquerra Republicana, montó hace muy pocos años, un lío exigiendo que las matrículas de los coches tuvieran un indicador de origen. Quería el CAT para su matrícula. Yo me niego a llevar en la mía un ES o un MAD. Prefiero la banderita europea. Y me gustaría mucho más que no nos pusieran ninguna.

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