Feeds:
Entradas
Comentarios

Ha muerto Jorge Videla, el asesino, torturador, malnacido y otras cosas que me ahorro. ¿Le habrá dolido, al menos, unos minutos? ¿Dios existe?

Hubo una leyenda urbana terrible sobre las cárceles. Según esa leyenda, cuando uno entraba en el trullo podía ser violado por los presos veteranos. Ahora, cunde otra que tampoco está mal: si uno va a la cárcel, aparecen Díaz Ferrán y Blesa y le venden acciones preferentes. ¡Joder con la cárcel!

La idea del aplauso no es mía, sino de mi amigo Agapito Ramos. 

Ayer me topé con un escrache al ministro de Justicia, en su calle. Me acerqué porque percibí el gran tumulto que montaban decenas de agentes antidisturbios. Luego vi que, a su lado, o cercados por ellos, había grupos de personas de tamaño más bien pequeño que coreaban consignas a favor del aborto decidido por las mujeres. La verdad es que lo único que daba miedo en la escena eran aquellas torres vestidas de azul. No había ninguna actitud violenta entre los que protestaban. Ni consignas violentas, solo reivindicación de unos derechos (no de unos vicios, como pretende hacernos creer la derecha cavernaria). Me pregunté, solo por un momento, si los guardias habrían disuelto a aquellas mujeres en el caso de que estuvieran aplaudiendo al ministro. Los daños en papeleras, las alteraciones del orden habrían sido muy parecidas.

Blesa en la cárcel. Casi leo la noticia como si fuera natural. Me parece que tenía que acabar ahí. Un tipo capaz de irse de una entidad que ha arruinado llevándose, junto con su cúpula directiva setenta y un (71)  millones de euros como pago a su gestión. Además, aparte de cómo vayan las cosas de este señor que puso en marcha el timo de la estampita de las preferentes para analfabetos y que dio créditos a otro encarcelado, Díaz Ferrán. Aparte de eso, todavía echo en falta que CCOO e IU nos aclaren qué hicieron en el consejo de administración de la Caja sus representantes. Qué funciones cumplían y que ventajas (si las hubo) tuvo su prewsencia para la sociedad y para sus organizaciones. A mí esa explicación me falta y me urge.

Soy el primero en reconocer que entre los hombres que fueron a la División Azul los había decentes. Muchos de ellos. Pero no hay que confundir eso con hacerle un homenaje a esos veteranos por la función que cumplían, que era la de ayudar a Hitler, ni más ni menos. Y la delegada del gobierno en Cataluña, Llanos de Luna, le ha hecho un homenaje a un tipo vestido de falangista. Es intolerable, sobre todo porque demuestra una ignorancia y una falta de criterio superiores. Si esta chica hubiera estudiado Educación para la Ciudadanía no habría hecho eso. Es boba. Muy boba. 

Gálvez vuelve para quedarse

Por: Amelia Castilla | 11 de mayo de 2013

1209420003_850215_0000000000_sumario_normal-1

Jorge M. Reverte, fotografiado en Madrid. / FOTO : ULY MARTÍN

Han pasado ocho años desde la última novela protagonizada por el periodista Julio Gálvez, pero sus lectores no lo habían olvidado. Su nueva aventura, Gálvez entre los leones(RBA), arranca, como muchas de las historias que ahora protagonizan curtidos reporteros, con un tipo divorciado y sin trabajo. A Gálvez lo han despedido de La otra vida, la revista de un tanatorio en la que investigaba sin demasiados sobresaltos, y se busca la vida comofree-lance en un país en el que todo se estaba derrumbando. Cuando le llega una oferta, de un parque temático prehistórico, una especie de Atapuerca bis, acepta sin darle muchas vueltas. Se trata de sobrevivir a los nuevos tiempos.

Alfonso Bigoret, empresario valenciano lo contrata para que lleve la prensa del grupo desde el pueblo asturiano de Ceceda. Allí conoce a Aida, una sindicalista que lucha por los derechos de los latinoamericanos contratados para que interpreten a los antiguos moradores de la Nueva Atapuerca, pero todo se complica y Gálvez se ve envuelto en una aventura rocambolesca que lo lleva de Asturias a Madrid y de allí a Tanzania y en la que repasa la actualidad nacional con todos sus defectos y ¡virtudes!. Con la socarronería que caracteriza su obra, muchos de los personajes son fácilmente identificables con políticos, empresarios o nobles del momento actual. Gálvez no perdona ni se casa con nadie. De la implacable política lingüística a los ilustres cazadores de elefantes o la mafia rusa y sus asesinatos.
Hasta ahí la noticia. Pero lo mejor es que Gálvez vuelve para quedarse. Su padre literario, Jorge M. Reverte, escritor y periodista de oficio, debutó en el género negro en 1973 conDemasiado para Gálvez. No recuerda cómo ni por qué, solo que cogió la máquina de escribir, le puso papel carbón para sacar varias copias, y empezó a teclear. “Estaba lista en un mes y me sorprendió mucho que se convirtiera en una obra de referencia del género”, confiesa ahora sonriente, frente a un plato de rabo de toro. “Lo mejor de entonces y de ahora porque las sensaciones se han repetido es que me lo paso bien. Gálvez me divierte”. Le divierte tanto que ya le da vueltas a la idea de convertir a Gálvez en un nativo digital. Al fin y al cabo, sus libros ya se pueden comprar en la nube. Eso sí, compaginando el género negro, con sus otras facetas, como ha hecho siempre. Por buscarle una periodicidad a las aventuras de Gálvez anuncia entregas cada dos años. Jorge M. Reverte(Madrid, 1948) trabaja en muchos campos y domina todos. Periodista, crítico literario,escritor, ya prepara una nueva investigación relacionada con los flecos de nuestra guerra civil, uno de sus temas de referencia.

Como autor del género negro añora los años de la guerra fría, al menos en su faceta literaria. “Su desaparición nos ha hecho mucho daño”, añade en el curso de la comida, en el barrio de Malasaña donde vive. Lo dice como autor y como lector. En esta última faceta, le gustan especialmente los autores ingleses, casi todo lo de de Grahan Greene y los primeros títulos de Le Carre. No soporta a esos escritores nórdicos que tanto se llevan ahora y que “necesitan 40 páginas para contar una violación”.

Reverte ha construido su personaje como un trasunto de si mismo, al menos en lo que a socarronería se refiere. En África, en el curso de un viaje realizado con su hermano Javier, escritor como él, contempló “el cielo más estrellado que uno pueda imaginarse, porque en muchos kilómetros a la redonda no había ninguna otra luz, y porque la estación seca no había terminado. El aire tenía una trasparencia que hacía que las distancias parecieran no existir”. Muchas de las sensaciones de esa excursión quedan reflejadas en sus descripciones del paisaje. Lo mismo que sus opiniones sobre la soltería: “Los hombres que han sido abandonados más de una vez en la vida por su parejas suelen tener una gran facilidad para moverse. Aprenden a prescindir de bibliotecas y de todo el resto de cosas superfluas. Sin libros, una mudanza es de lo más sencillo”.  Son sólo algunas de las joyas que pueden encontrar en este libro en el que lo peor es la portada, que se lee con gusto aunque la trama africana caiga por momentos en el delirio y uno no se acuerde de cómo empezó todo.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 36 seguidores